El deporte o la actividad física deportiva siempre han estado enlazados con un estilo de vida saludable. Las personas que practican deporte con regularidad suelen pensar que tienen una vida más activa. En general, las personas creen que el deporte es una actividad que promueve el ocio, el bienestar y la salud. Un aspecto fuera de la tensión y la competitividad que proporciona el deporte federado. Y fuera de la del deporte espectáculo y profesional, como por ejemplo el fútbol profesional.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una actividad física aeróbica moderada de 150 minutos a la semana como mínimo en adultos en Recomendaciones mundiales sobre actividad física para la salud. Sin embargo no encuentran evidencia de beneficios para la salud tras doblar esa cifra, pero la actividad debe durar un mínimo de 10 minutos. Por otra parte, también promueven el fortalecimiento de grandes grupos musculares dos veces por semana.  Nunca está de más recordar el peso que tiene seguir una dieta equilibrada para que el ejercicio físico sea efectivo.

Las ventajas son enormes. “Los adultos físicamente activos tendrán probablemente un menor riesgo de fractura de cadera o vértebras”, reza el informe. Pero no se quedan aquí, ayudan a prevenir el cáncer de mama y de colón así como la hipertensión, la depresión o la diabetes de tipo 2. Además, la actividad física propicia una mayor capacidad pulmonar y un riesgo menor de sufrir enfermedades cardiovasculares y osteoporosis.

No obstante, existe un grave problema de sedentarismo en España. El 44,4% de los españoles, mayores de 15 años, son sedentarios según la última Encuesta Nacional de Salud. La diferencia es de 11 puntos entre hombre y mujeres. Entre los 15 y los 24 años, el sedentarismo cae entre los hombres hasta el 21,4% frente al 49,5% de las mujeres. Una diferencia abismal, que no hace más que reafirmar la tesis de la Doctora Itziar Hoyos Cillero en la Universidad del País Vasco.

Una juventud sedentaria

Su tesis afirma, sobre un estudio de 400 alumnos, que cerca de la mitad de los alumnos dejaron de hacer actividad física regular en el paso entre el bachillerato y la universidad. En estos casos, la mayoría de los que siguieron practicando deporte lo hacían de manera individual y sin federarse –sobre todo las chicas-. La falta de tiempo y las ganas fueron las opciones más apoyadas por los alumnos. A pesar de un mayor sedentarismo femenino, las chicas poseían una mayor capacidad aeróbica, motivada por mayor actividad física no deportiva.

Andrea Fernández, estudiante de Comunicación Audiovisual en Castellón, refleja muy bien esta situación con sus palabras. “Ahora mismo no practico ningún deporte. De vez en cuando, si me motivo, me voy a correr”. Pero no es la única. María García, estudiante de Lenguas Modernas en Valencia tampoco es practicante regular de deporte. “Solo bici, porque voy a la universidad en bici”, respondía acerca de practicar algún deporte; “y quiero apuntarme a una piscina”, añadió.

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Una forma cómoda de realizar deporte // Fotografía: Pedro M. Peralta

Los chicos, en cambio, parecen demostrar una mayor regularidad a la hora de practicar deporte. “Juego al fútbol 7 y al fútbol sala. También al ping pong (tenis de mesa)”, explicaba Ramón Muñoz, estudiante de Magisterio en Cuenca. Deportes que práctica al menos dos veces por semana aseguró. Pablo Huerta, estudiante de Comunicación Audiovisual de Erasmus en Alemania, rebajaba esa regularidad. “Me gusta practicar fútbol y ping pong, pero no lo hago con regularidad ni seriamente”, dijo. Una situación que refleja las palabras de la tesis de la Dra. Hoyos.

No obstante, todos los entrevistados calificaron su vida como activa. Coincidían en que no paraban en todo el día. “Considero que llevo una vida activa porque no paro quieto”, afirmó Muñoz. Una vida activa en el sentido de estar todo el día haciendo cosas, pero no desde el punto de vista físico. “Por una parte creo que activa porque no estoy quieta en casi ningún momento del día. Pero por otra sedentaria porque no saco tiempo para correr o para ir al gimnasio”, explicaba Fernández.

Mientras tanto, Huerta prefería ser cauto y ahorrarse encasillar su modo de vida dentro de estos dos conceptos. “Con mi nueva vida no paro, voy de aquí para allá, pero donde llego me siento y me puedo pasar horas en el mismo sitio. No termina de ser ni una ni otra, no sé, no la terminaría de encasillar”. García era más irónica en ese aspecto: “Mi vida es activa porque aunque tampoco estoy todo el día haciendo deporte no paro mucho”.

“Es una manera de descargar presión y un modo de ‘oxigenarse’ muy recomendable”

Quizá uno de los problemas para no hacer el deporte necesario para salud radique en la vida de los estudiantes. Trabajos individuales, grupales, voluntarios, exámenes parciales que reducen la vida social y que diezman las posibilidades de encontrar momentos para hacer deporte. En ese aspecto, los estudiantes prefieren hacer ejercicio durante su tiempo libre entre la semana.

A pesar de ello, la motivación para hacer deporte dista según la persona. Fernández asociaba su falta de actividad física al hecho de ir acompañado durante el deporte (en los individuales): “Nunca nadie quiere ir conmigo, entonces me entra pereza. Y acabo por no ir”. Otros, como Muñoz, buscan en el deporte una forma de pasar el tiempo por algo que les apasiona. García, en cambio, hablaba de una motivación “por mejorar la forma física y la salud”.

Pero el caso más paradigmático era el de Pablo Huerta. Explicaba que le encanta el ambiente que se forma en el deporte, “una manera de desconectar con todo para centrarte en el juego”. “Es una manera de descargar presión y un modo de ‘oxigenarse’ muy recomendable”, continuó. Añadió que los motivos que le empujan a no practicar deporte residen en la ausencia de gente suficiente para jugar o “condiciones atmosféricas adversas”.

Aludiendo a la salud, existe un problema de la dieta de los españoles. Según la Encuesta Nacional de Ingesta  Dietética Española (ENIDE), la ingesta media de kilocalorías por individuo es de 2.482, alrededor de la media. El principal problema de la dieta española se encuentra en la excesiva contribución de proteínas y grasas frente a una baja aportación de carbohidratos. Además, se debe aumentar el consumo de frutas, verduras y hortalizas. En este aspecto, los jóvenes entre 18 y 24 años son los que peor comen.

Entre estos jóvenes universitarios, existía una dicotomía. Algunos aseguraban que no creían que llevasen una dieta equilibrada. Alguna aludía al gusto por “el chocolate y la comida basura”. Por otra parte, los otros dos pensaban, dubitativamente, que si tenían una dieta equilibrada. Huerta añadía el factor de residir fuera de su país, pero que intentaba tratar “de no descuidar su dieta”. Pero el hecho es que ninguno podría asegurar que llevan una dieta equilibrada.

En definitiva, los universitarios españoles deberían encontrar más tiempo para realizar deporte. Actividades físicas en las que soltar el estrés, olvidarse del duro trabajo de un día y descansar la vista del trabajo frente a una pantalla. Sin embargo, nunca hay que olvidar que el deporte practicado debe divertir, una manera de quedar enganchado por él. Además, la práctica nos ayuda a llevar un horario organizado en torno al deporte.  Una gran solución para nuestro estilo de vida contemporáneo, regido por la falta de control en los horarios.

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Pedro M. Peralta

Estudiante de Periodismo. Patrón de los juntaletras y marinero de las olas gráficas.
Pedro M. Peralta

Pedro M. Peralta

Estudiante de Periodismo. Patrón de los juntaletras y marinero de las olas gráficas.

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