Nagore Del Cubo Saenz de Zaitegui es una conquense de 24 años que lleva toda su vida unida al deporte.  Desde pequeña ha sido una pasión que siempre ha tenido y todavía a día de hoy, confiesa seguir teniendo ese entusiasmo por esta parte de la vida. Su andadura en el deporte comenzó desde muy pequeña, Nagore recuerda su infancia practicando todo tipo de deportes prácticamente desde que aprendió a andar.

Nos cuenta que aprendió a nadar gracias a su madre, ya que fue ella misma la que le enseñó a nadar como los perritos, con el método de toda la vida. La joven recuerda que poco a poco fue tomándole el gusto a eso de nadar, pero también le encantaba y se dedicaba como hobby a practicar otro tipo de deportes como el futbol, el footing  o cualquiera que le apeteciera en el momento, confiesa que siempre le ha gustado y siempre se le han dado bien, aunque nunca le daba mucha importancia a ninguno en concreto.

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Nagore estuvo viviendo en Tarancón hasta que cumplió los nueve años, y fue entonces cuando su familia decidió trasladarse a Cuenca y donde realmente comenzó su andadura en el deporte de la natación. «Al poco de llegar a Cuenca mi madre conoció a una mujer que tenía a su hija en el club de natación y le dijo que me llevase a que me hicieran las pruebas para ver si me cogían, pero ella sabía perfectamente que yo podía entrar directa al club sin pasar por ningún cursillo de enseñanza», y tal y como su madre esperaba, así fue. Nagore se sometió a las pruebas que exigían en el club para poder formar parte de él y un año después empezó a competir.

Con tan solo diez años y todo un recorrido por delante, la joven niña que empezó a nadar gracias a su madre comenzó a recorrerse España en busca de pódiums y medallas, luchando hasta el último metro para ganar a quien se le pusiera por delante y amando con locura cada gota de agua que la rodeaba.

Nos cuenta que aunque no fue fácil, ya que todo deporte conlleva detrás un gran sacrificio, entrenamiento tras entrenamiento fue escalando puestos y alimentándose de miles de vivencias y nuevas experiencias. El problema llegó cuando pasaron los años y tuvo que empezar a compaginar los entrenamientos con los estudios y también con la vida social. «Si quieres conseguir algo hay que trabajar muy duro y poner todo tu empeño en ello, por eso no era fácil compaginar estas tres cosas, los entrenamientos ocupaban la mayor parte de mi tiempo día a día y se me hacía difícil el saber cómo organizar todo», pero a pesar de lo costoso que le resultó al final lo hizo. Comenzó a estudiar un ciclo de actividades físicas y deportivas en Cuenca, mientras lo compaginaba con el ir a entrenar día a día,  intentando siempre sacar algún rato para poder verse con sus amigos y desconectar.

«Aunque me costó, al final pude con todo y fui madurando mucho con todo lo que me tocaba aprender en tan poco tiempo». Nagore nos cuenta que con el paso de los años y gracias a los duros entrenamientos pudo participar en numerosos campeonatos de natación de España, regionales y también en concentraciones con la selección.

Ésta joven, alavesa de sangre aunque conquense de residencia, consiguió ser la primera nadadora de la historia conquense en ser llamada por la selección regional de natación para competir. Nos cuenta entusiasmada que ha sido la primera en todas las pruebas regionales llegando a batir el record en cada una de ellas. «He sido finalista en campeonatos de España y he formado parte de la mayoría de relevos en los campeonatos españoles por comunidades autónomas».  Fue a partir del año 2003 cuando comenzó a recibir la  grata recompensa después de tantos años de esfuerzo. A partir de ahí comenzó a ganar sus cuatro pruebas, tratándose estas de los 100 metros y 50 metros libre, y los 100 metros y 50 metros mariposa, de forma consecutiva en todos los campeonatos regionales que constaban de dos al año, los campeonatos de invierno y los campeonatos de verano, obteniendo en todos ellos excelentes resultados según nos explica.  A parte de eso, también fue ascendiendo puestos en todas las ligas que se hacen durante el año.

Ella asegura que desde el momento en que su madre la lanzó a la piscina por primera vez, apenas habiendo aprendido a andar, comprendió que algo especial estaba sintiendo, y poco a poco fue creando un vínculo con el agua del que nunca quiso separarse, pero al final de forma irremediable tuvo que hacerlo. Hace tres años, cuando cumplía 21, comenzó a trabajar mañana y tarde, tanto entre semana como los fines de semana,  y ese hecho  conllevó a que Nagore dejara la natación a un lado. La falta de tiempo hizo imposible que pudiera seguir dedicándole a la natación el tiempo que realmente es necesario para poder seguir compitiendo como lo había estado haciendo hasta ese momento. Aunque comenta que fue duro, porque en realidad nunca quiso dejar de competir, la vida a veces te obliga a hacerlo.

«Actualmente trabajo en una piscina dando clases de natación, que es lo que he estado aprendiendo toda la vida y estoy muy orgullosa de ello», también nos cuenta que próximamente tiene planes de volver a la natación como forma de competición, pero ya no en categorías tan exigentes como  las que anteriormente se estuvo dedicando, «voy  a volver porque ahora estoy muy organizada con todo y la categoría master no requiere de tanta disciplina, es una categoría con la que disfrutas de nadar, de viajar y de la gente, sin necesidad de tener la presión de ganar ni entrenar cada día, solo cuando quieres o cuando puedes» confiesa contenta.

En cuanto a las diferencias en lo que al trato de hombres y mujeres en el deporte se refiere, nos cuenta que según su experiencia y según lo que ella ha vivido a lo largo de estos años de su vida ligada a la natación, en este deporte tanto a los chicos como a las chicas se les valora de forma igualitaria. «En la natación tanto a los hombres como a las mujeres se nos valora de igual manera, pero lo que no está bien valorado es el deporte de la natación en sí, en ésta sociedad futbolística parece que sólo se alaba a las personas famosas que corren detrás de un balón y ganan al mes lo que un nadador gana en un año».

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Nagore confiesa que el mejor bañador del mercado puede costarle a un nadador cuatrocientos euros, pero eso no lo ve nadie, al igual que dice sentir que nadie valora las cuatro o cinco horas que dedican a nadar cada día de la semana sin descanso y lo que pueden llegar a sufrir para poder llegar a ser el mejor y conseguir una beca de trescientos euros al mes, y eso es lo que no ve la gente.

«He competido desde los 10 años hasta los 22, y esos doce años los considero como los mejores de mi vida. Para mí la natación es una forma de vida y algo que me hizo amar realmente lo que haces, y a día de hoy estoy muy orgullosa de lo que hice y de lo que por suerte podré seguir haciendo».

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Marta Vicente

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