Miles de cabezas de ganado pasan estos días por tierras manchegas en busca de un lugar mejor para pasar el invierno.

La Trashumancia es el cambio natural que realizan los animales dos veces al año, en primavera; Suben los animales ya sean ovejas, vacas o cualquier otro animal, de Andalucía o de tierras más bajas y cálidas como Ciudad Real, hacia la serranía y una segunda vez en otoño, que hacen la ruta opuesta. Cuando llega el frío y las nieves se hace imposible la alimentación en campo, los animales se bajan hacia tierras más cálidas y de clima más suave. Esto, por un lado fomenta que los animales se críen sin tomar piensos compuestos y por otro lado ayuda al pastor a mantener un gasto menor, por no comprar piensos.

Durante muchos años bajaban caminando y llevaban todos los utensilios necesarios en burros, caballos o cargando ellos mismos con todo. Sin embargo esta tradición quedó en saco roto a medida que la vida y la situación económica mejoraban. Los pastores, por comodidad, bajaban a sus animales en camiones y en tan solo en un día lograban estar en el lado opuesto de España. Poniendo así en peligro la continuidad de esta tradición.

ovejas descansando
Animales descansando antes de partir // A.A

Pero la crisis económica que asola al país desde hace ya siete años, a lo que también hay que sumar el apoyo que reciben los pastores de las Asociaciones de Trashumantes, ha vuelto a incentivar el tradicional uso de las conocidas como Vías Pecuarias o Cañadas Reales.

Las Cañadas Reales, veredas o vías pecuarias son aquellos pasos tradicionalmente usados para el traslado de animales. Se regularon por Alfonso X “El Sabio” mediante un decreto cuya misión era preservar, ordenar  y regular algunos caminos de especial importancia, como por ejemplo la emblemática calle de la Castellana en Madrid. Las cañadas reales se diferencian de las veredas por la anchura de las mismas, por ejemplo una Cañada debe tener 90 varas o lo que es lo mismo, alrededor de los 75 metros de ancho pero existen tramos de vereda que solo tienen 24 varas (20 metros) o menos según la zona geográfica donde nos encontremos.

Desde el 2007, estas Cañadas forman parte del paso previo a ser nombradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y en la actualidad son tierras totalmente protegidas; son bienes de titularidad pública y su gestión la realizan las comunidades autónomas. Tanto las cañadas como las vías pecuarias ocupan  450.000 hectáreas en todo el territorio español y están reguladas por la Ley 3/95 de vías pecuarias, si los animales quieren pasar, tienen preferencia ante cualquier otro elemento.

En España hay nueve cañadas reales. La de Cuenca es la denominada Cañada Real Conquense e incluye a las ganaderías transeúntes del Alto Tajo, sierra de Albarracín y Serranía de Cuenca. El camino más largo es, la conocida como Cañada Real Soriana Oriental, que nace en Soria y muere en Sevilla.

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La tradición como ahorro

Desde hace cuatro o cinco años, la Cañada Real Conquense está notando un aumento en el número de cabezas de ganado que vuelven a realizar el camino andando y es que el gasto medio por ganadería que tenga unas 1.000 cabezas se reduce en torno a los 3.000 euros de ir andado a bajar en camiones.

Gratiniano Usero es un pastor afincado en Las Majadas, Cuenca y nos cuenta que él lleva treinta años de pastor y hacía más de 25 que no bajaba andando, sin embargo el coste aproximado de bajar en camión son 4.000 euros y si baja andando puede gastarse a lo sumo 1.500 euros. “si tengo que gastar un dineral en bajar, pagar la finca allí abajo, además puede ser que el año allí este malo y tenga que comprar pienso… vamos que nos están apretando tanto que no hay otra forma de hacer esto”.

Al igual que Gratiniano otros muchos pastores de la zona del Alto Tajo-Albarracín y Cuenca han decidido bajar andando con sus animales para ahorrar dinero. Alberto y David Rustarazo son dos hermanos de Orea (Guadalajara) que tienen en torno a 2.000 cabezas de ganado ovino (ovejas) y llevan ya cuatro años bajando andando hasta Santa Elena (Jaén).

Reconocen que no es igual ser trashumante hoy que cuando lo era su padre: “antes había que llevar los “atos” (utensilios, mantas, comida, ropa, etc.) a cuestas y se pasaban muchas penurias,se mojaban las cosas y tenían que dormir bajo mantas mojadas, ahora el ato va en un coche delante de nosotros, las cosas no se mojan, tenemos tiendas de campaña para dormir y los puntos de parada están establecidos”.

Según distintos pastores con los que hemos podido hablar, este año van a bajar en torno a unas 12.000 reses andando, entre vacas mansas, toros de lidia, ovejas y alguna que otra cabra. Esto, por un lado supone un ahorro para los ganaderos, y un incentivo para los pueblos que están establecidos como paradas en la vereda, ya que notaran un aumento en las ventas de productos de primera necesidad. Gratiniano Usero cuenta que “antes Majadas era un hervidero de gente en primavera y otoño, las tiendas estaban llenas de pastores comprando cosas y eso va a recuperarse con la vereda”.

Ovejas caminando en la II jornada de trashumancia.
Ovejas caminando en la II jornada de trashumancia. //A.A

Pero por otro lado, camioneros y transportistas ven en la recuperación de las tradiciones una amenaza que hace peligrar sus puestos de trabajo.

La crisis no ha sido el único motivo por el que los ganaderos vuelven a realizar el camino andando, ni siquiera el ahorro económico; en buena medida la Asociación Trashumancia y Naturaleza, que nació para atender la llamada de la Unesco para preservar las tradiciones, ha tenido mucha culpa en esto. No solo realizan una gran labor en cuanto a la comunicación sino que además ponen colaboradores para llevar todo lo que necesitan a disposición de los ganaderos, contratan a pastores de apoyo y les facilitan material para realizar el camino más cómodo.

Antes incluso les proporcionaban un buen cáterin que aseguraba la correcta alimentación de los pastores. “ahora el cáterin se ha acabado pero ayudan de muchas otras formas” asegura Rubén U. “para nosotros la comida más importante del día es la cena, en la que también se recuperan las comidas tradicionalmente pastoriles. Cocinamos gachas, “sopas tostás”, hacemos guisos, pero también comemos carne y pescado”.

Además otra de las funciones principales que cumple esta asociación es la organización en cooperación con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, de la conocida como fiesta de la trashumancia. Que consiste en llevar el ganado de diferentes zonas de España para que pasen por Madrid. El programa habitual de esta festividad que este año se celebró el domingo 25 de octubre se puede encontrar en la página de la asociación y en otras páginas de turismo en familia.

Jornadas en vela

En el pasado, cuando paraban a descansar uno de los mayorales, normalmente van tres por rebaño, se tenía que quedar en vela toda la noche vigilando a su ganado, actualmente todos tienen un pastor eléctrico (valla metálica electrificada) que les garantiza dormir, Usero asegura que desde la asociación se le han puesto muchas facilidades: “me trajeron una batería para el cable eléctrico, dicen que dura toda la vereda, además me propusieron contratar a un “atero” (el que lleva el ato) pero yo ya tenía al mío”. “me llamaron para informarme de todo y se preocupan de que estés en contacto con otros pastores en tu misma situación”.

Por otro lado, la trashumancia no solo es un ahorro sino que además potencia los valores del compañerismo, ya que según nos cuenta Gratiniano: “yo no recuerdo bien el camino, pero mi atero está en contacto con otros que les llevan los trastos al resto, sigue los coches de los demás para llegar a las pistas que le llevan al punto de descanso. Nos guían otros pastores que ya son expertos en el camino, la trashumancia es un trabajo de equipo, primero en tu propio rebaño y luego siguiendo y ayudando a los de los demás en cada jornada”.

El traslado de las reses andando se divide en jornadas, cada jornada tiene una parada delimitada y en Castilla La Mancha la vereda está marcada por mojones en todo caso o por vayas en algunos puntos. Alberto, que ya llevan cuatro días de camino y al que pudimos entrevistar en Las Majadas cuenta que: “nuestra próxima parada es en Villalba, es decir de Las Majadas a Villalba hay una jornada, según vas bajando las jornadas van siendo más largas porque el camino es más llano y se anda mejor”.

Rubén Usero  asegura que la jornada Majadas Villalba es muy dura porque hay una gran bajada: “las ovejas andan muy bien cuesta arriba pero las bajadas les cuesta mucho y además hay zonas muy estrechas que son duras de pasar, en el caso de las vacas es peor, las vacas son más lentas siempre”.

A pesar de las facilidades que se ponen hoy en día, no dejan de ser, como poco, 20 jornadas lo que cuesta trasladar el ganado de un terreno a otro andando, por eso muchos pastores prefieren pagar la comodidad de un camión y la tranquilidad del corto plazo.

En Tragacete, un pueblo principalmente ganadero y en el que se pueden encontrar como mínimo unas diez personas que tienen una ganadería, casi todos bajan en camión. D Mondaray cuenta que: “ya resulta difícil cambiar de sitio cada seis meses, traer ropa, mantas, cacerolas, comida,  preocuparte de buscar una buena finca, etc. como para tener que bajar andando”.

D.M con sus ovejas en Tragacete // A.A
D.M con sus ovejas en Tragacete // A.A

Sin embargo los camiones también tienen su riesgo, la primavera pasada un camión volcó en un accidente de tráfico, matando a todas las ovejas que llevaban dentro. “eso no te va a pasar si bajas andando, pero cuando caminas con tus ovejas por territorio desconocido corres otros peligros” asegura Rubén.

Por todo esto, no resulta extraño ver a grandes rebaños de animales pasar por la nacional conquense o muy cerca de la carretera estos días. Son las fechas más propicias o al menos las más comunes para realizar el segundo traslado anual de animales.

Tanto en otoño como en primavera todo aquel que quiera disfrutar de este espectáculo puede ir a su encuentro en cualquiera de los puntos de descanso tradicionales, tal como sucede con la trashumancia de bravo, que mueve un gran volumen de personas que tanto a píe como a caballo que quieren formar parte del traslado. En el paraje conocido como “cañonda”  (penúltima jornada de la trashumancia de bravo en primavera) se aglutina gran cantidad de gente que quiere ayudar a los mayorales a culminar el proceso. En la serranía este acontecimiento genera gran expectación.

Un modo de vida

Es importante reseñar que la vida que llevan tanto los pastores como sus familias es muy peculiar. Se pasan seis meses en un sitio y otros seis en otro de condiciones totalmente opuestas.

Como explica José Miguel Mondaray, “cuando decides continuar con la tradición de tu casa, o te haces ganadero porque es lo que te gusta, en una zona como la serranía conquense sabes que tu vida va a ser siempre en dos destinos, porque aquí en invierno no se puede mantener un rebaño”. Los pastores transeúntes pasan la mitad del año viviendo en zonas de Andalucía, Extremadura o la Mancha, normalmente viven en  los cortijos que tienen las fincas donde pasta su ganado, aunque en algunos casos tienen pisos en las zonas urbanas.

Tradicionalmente los pastores y sus familias van de un lado a otro dos veces al año, y los niños cuando están en edad escolar comienzan el curso en un colegio, normalmente serrano, y a los dos meses y medio más o menos cambian de colegio a uno ubicado en el lugar donde sus padres tienen la finca de pasto.

Gratiniano Usero lleva viviendo así toda su vida. Desde mediados de mayo o principios de Junio está en Las Majadas, y a primeros de noviembre vuelve a Cabeza del Buey, sus hijos le han seguido desde siempre. Actualmente Rubén también es pastor pero su hermana está estudiando en Badajoz.“Mi mujer y los chicos, cuando eran pequeños, subían a Majadas un poco más tarde que yo por el tema de la escuela, pero siempre nos hemos movido todos”. Este estilo de vida, como todo, genera debates, así por ejemplo: “Vivir de un lado para otro es un desastre si quieres tener hijos o si quieres que tus hijos tengan una forma de vida más estable. Yo preferiría que nos quedáramos con las ovejas siempre en un sitio”, asegura Lidia Rodríguez. Lidia es la pareja de José Miguel Mondaray y siempre que sale este tema deja clara que su opción cuando tengan hijos pasa por establecerse siempre en Garlitos (Badajoz), sin embargo la familia de su pareja es tradicionalmente transeúnte y Pepe, que así es como se le conoce en el pueblo, no quiere ni oír hablar de dejar de subir a la sierra en verano.

Pero este trabajo no se entiende como tal, sino más bien como una forma de vida, “yo ya bajaba con mi padre y ahora que el rebaño es mío me gusta hacer lo mismo. Es cierto que sí cada año cambias de finca es más difícil, pero en mi caso llevo más de diez años en la misma y me parece maravillosa la vida del cortijo”, nos cuenta María Pilar Sevilla, ganadera de Tragacete.

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