Nervios, tensión, presión, alegría, euforia e irritación son algunas de las sensaciones que el multifuncional utillero del F.C. La Solana, equipo que actuablemente milita en Primera Autonómica Preferente, lleva viviendo desde hace 20 temporadas dentro y fuera de los terrenos de juego. Numerosas tareas, imprescindibles en cualquier equipo de fútbol, son responsabilidad del encargado del material del conjunto amarillo, Miguel Molina Pérez.

El pasado domingo el conjunto que visitó La Moheda fue el C.D. Caudetano y, aunque el resultado fue positivo para los solaneros, Molina no pudo saborear la victoria hasta que no cerraba con llave el vestuario local.

Miguel Molina, natural de Valdepeñas, comenzaba su día desayunando mientras leía la prensa deportiva. Tras ello, el valdepeñero preparó todo lo necesario en su bolsa de deporte para poder realizar su ardua labor y repasó, posteriormente, todas las informaciones que había recabado sobre el Caudetano.

Como cada domingo, al mediodía un jugador del equipo es el encargado de recogerlo en su casa y trasladarlo hasta La Solana para que allí pueda llevar a cabo su habitual liturgia de preparativos. Mientras que los jugadores y el equipo técnico están reunidos en un cercano bar tomando café, Molina se adentra en las instalaciones del club y comienza a abrir los vestuarios.

Pasados unos minutos, y tras haber comprobado que todo estaba en orden dentro del vestuario visitante, el utillero comprobó la presión de cada uno de los balones de los que dispone el humilde club. La soledad acompañaba a Miguel mientras colocaba con sumo mimo, y como si de un delicado cuadro se tratase, todas las elásticas que los jugadores lucirían durante el encuentro.

Miguel Molina colocando las camisetas de los jugadores // David Medina
Miguel Molina colocando las camisetas de los jugadores // David Medina

El aislamiento se fue desvaneciendo cuando, uno por uno, todos los jugadores de La Solana comenzaron a llenar el vestuario local con sus risas. Todos se dirigieron a Miguel en busca de una señal que les diera la confianza y la certeza de que la batalla que iban a librar se iba a ganar. Éste, entre risas y con la cabeza en varios lugares, asentía y les daba algunas pautas de cómo jugar.

Con la camilla de masajes preparada y con toda la plantilla sobre el césped, asegurándose que el terreno de juego estaba en las mejores condiciones posibles, el utillero realizó varios masajes a cuatro jugadores centrándose en diferentes zonas de sus piernas. Estando ocupado con el abductor del delantero, el entrenador local, Ángel Izquierdo, daba la charla a sus gladiadores.

Minutos antes de que diera comienzo el partido, Molina se colocaba en el banquillo local asegurándose de que todo estaba listo y desde allí intentaba subir los ánimos de los suyos a ritmo de palmadas.

Una vez iniciado el encuentro, el valdepeñero, que no se sentaría en toda la tarde, se apoyó en la parte derecha del banquillo para poder observar de esta manera todo lo que dentro del rectángulo de juego se desarrolló.

Aunque el día fuese gris, los pupilos de Izquierdo se encargaron de iluminar los rostros de los aficionados y del propio Miguel Molina a base de goles. Los primeros tantos conseguidos por el equipo local hicieron vibrar, saltar y celebrar con emoción hasta en cinco ocasiones al utillero amarillo al que se le dibujaba una sonrisa de oreja a oreja. Finalizados los primeros cuarenta y cinco minutos del partido, Molina felicitaba a los once guerreros amarillos por el buen trabajo que habían realizado.

El utillero del F.C. La Solana realizando un masaje // David Medina
El utillero del F.C. La Solana realizando un masaje // David Medina

Con la llegada de la segunda mitad y con el luminoso luciendo un 5-0, los locales se relajaron y, aunque conseguían el sexto tanto, comenzaron los primeros reproches desde la banda a su actuación. Molina, enérgico, alentaba a los jugadores y les animaba a seguir con la presión.

El enfado llegó al banquillo local cuando en el minuto 74 el C.D. Caudetano aprovechaba un clarísimo error en defensa para reducir distancias. El utillero, junto con el entrenador de los solaneros, reprochaba la actitud del equipo con claros gestos de irritación.

Dos tantos, uno por cada equipo, subieron al marcador hasta que el colegiado decretaba el final del encuentro. Pasados todos los nervios y habiéndose calmado, Molina se abrazó a todos los jugadores y felicitó con especial ahínco a Naranjo y al Mini por hacer conseguido sendos hat-tricks.

Dentro del vestuario, y mientras que los jugadores se duchaban, el utillero del conjunto solanero pasaba a limpio los datos que fue cogiendo durante el partido y confirmaba con los árbitros las tarjetas. Una vez finalizada esta tarea, Molina se duchaba mientras que la soledad volvía a hacerle compañía dentro del vestuario.

Con el estadio vacío y con las luces apagadas, Miguel Molina cerró con llave aquellas puertas que dejaron entrar tantas alegrías en ese gris domingo. 20 años repletos de victorias, de empates y de derrotas que hacen que cada fin de semana Miguel disfrute, desde otra perspectiva, el fútbol.

Miguel Molina sobre el terreno de juego // David Medina
Miguel Molina sobre el terreno de juego // David Medina

 

The following two tabs change content below.

Leave a Response