Un inmueble que lleva más de cincuenta décadas en pie, una construcción voluminosa en el centro de la ciudad, un edificio conocido por la mayoría de conquenses… Esa es la sede de Cáritas diocesana, una asociación no gubernamental ni lucrativa donde –entre otras cosas- se realizan numerosos talleres. Uno de los cursos que se desarrollan en esta organización es el de trabajos manuales. Para saber en qué consiste este taller, cuándo se organiza y quién lo compone, hay que adentrarse en él…

El curso de trabajos manuales de Cáritas se realiza en una de las muchas salas que hay en la primera planta del edificio. La estancia cuenta con numerosas mesas de gran tamaño dispuestas de forma ordenada, ocupando todo el largo de la habitación. Algunas de ellas están despejadas para que las integrantes del taller puedan realizar sus labores sin encontrar ningún estorbo; otras han sido equipadas con diversos materiales –pinturas, rotuladores, témperas…- con los que poder realizar tareas. El lugar, si bien no es grande en exceso, es lo suficientemente amplio para las asistentes. El espacio cuenta con gran cantidad de ventanas por las que se cuela la luz natural y a través de las cuales se puede ver parte de la ciudad de Cuenca.

Una mujer dibuja una imagen para pintarla a témpera.

Este año, el curso de manualidades está compuesto por aproximadamente una treintena de mujeres jubiladas o con tiempo libre que disfrutan asistiendo al taller y compartiendo experiencias o conocimientos. Son un buen número, sin embargo, no suele coincidir todo el grupo en una misma tarde. «No venimos siempre todas», reconocen. Aun así, tratan de acudir a la sala siempre que pueden, pues aseguran disfrutar enormemente con las labores que preparan. Cuando se les pregunta sobre el número de inscritas al curso, no pueden evitar recordar el pasado. «En otros tiempos hemos llegado a estar hasta setenta. ¡Esto estaba hasta arriba!»

«Lo que no sabe hacer una, sabe hacerlo otra. Nos echamos una mano».

En cuanto a las fechas y horarios de apertura de la sala de trabajos, el taller tiene una duración de unas dos horas y media por día y se realiza todos los lunes y miércoles. El inicio y final de cada curso, así como los días festivos, suele ir a la par con el calendario académico de la localidad. Por tanto, hay parones en épocas señaladas como la Navidad y la Semana Santa. Antes de ‘dar las vacaciones’, organizan una merienda para despedirse de las compañeras hasta después de las fiestas.

El ambiente de trabajo es bueno; ellas se ayudan mutuamente para realizar las tareas. «Lo que no sabe hacer una, sabe hacerlo otra. Nos echamos una mano».  Se dan consejos, se aceptan sugerencias y se aportan ideas para mejorar las manualidades de las demás. La clave es la colaboración, el trabajo cooperativo. Podría decirse que un aspecto esencial del taller es que sirve como punto de encuentro para compartir conocimientos.

El repertorio de tareas manuales es muy variado; en la sala puede verse gran cantidad de trabajos terminados. Botijos decorados con motivos florales y figuritas de cerámica adornan algunos de los estantes de la habitación. En la pared, además de algunas fotos de las participantes del taller, descansan unos cuantos cuadros elaborados por ellas mismas: dibujos con témperas, paisajes con pirograbado… El resultado de las imágenes es impresionante. Además de en las paredes y estanterías, hay también trabajos situados en algunas mesitas: cuidadas peinetas, divertidos muñequitos de lana o fieltro, elegantes lámparas…

Algunos de los trabajos realizados en el taller
Algunos de los trabajos realizados en el taller

Pero no todo es crear a partir de cero. Hay quien prefiere trabajar con muebles antiguos con el objetivo de restaurarlos. Esfuerzo, perseverancia y entusiasmo son fundamentales a la hora de reparar cada una de las piezas. Un trabajo laborioso pero cuyos resultados merecen la pena. «Sacamos una foto para comparar el antes y el después». Así, no solo crean bonitas piezas, sino que consiguen realizar un completo lavado de cara a algunas mesas, armaritos… que el tiempo se había encargado de desgastar.

Una vez mencionada la gran cantidad de manualidades que se hacen en el taller, sería interesante conocer un poco más a fondo en qué consiste cada una de ellas. Así, hay que señalar, por ejemplo, que el pirograbado es una técnica que permite tallar de forma superficial piezas de madera mediante una punta de metal caliente. En este curso suelen recrear famosos paisajes conquenses. Monumentos emblemáticos como el puente San Pablo, la catedral o las Casas Colgadas son imitados por estas artistas de la madera. El ganchillo es otra de las labores que goza de gran popularidad entre las asistentes. Muñecos, colchas, gorros… y un largo etcétera de creaciones elaboradas sin más elementos que una aguja, lana y mucha paciencia.

Mención aparte merecen las labores de pintura, por la gran variedad de posibilidades que se ofrecen. Decoración en textil, cristal, cerámica… La sala está repleta de objetos pintados a mano. ¿El tipo de diseños? Ornamentos de todo tipo, desde los dibujos más sencillos y naturales a las más complicadas florituras. Una explosión de color para los ojos de quien lo contemple, un toque de dinamismo y personalidad para las piezas que se adornan.

Técnicas de pintura y pirograbado
Técnicas de pirograbado y pintura

Dejando a un lado las labores, en la estancia también se realizan actividades de lectura y escritura. Algunas de ellas acuden a la sala para mejorar sus habilidades caligráficas o para pasar la tarde leyendo textos.  Y, por si las manualidades y el entretenimiento fuesen poco, también se proponen ideas complementarias a eso. Un buen ejemplo de ello es la preparación de una obra navideña. «Ahora como llegan las fiestas de Navidad, vamos a hacer un teatro. Salimos muy pocos personajes, pero muy graciosos». Los ensayos para el espectáculo se suman a la larga lista de tareas a realizar, algo que, lejos de agobiarlas, las llena de entusiasmo. «Invitamos a todos a venir porque lo vamos a pasar muy bien».

Después de conocer a las integrantes del curso, conocer un poco el ambiente de trabajo, descubrir las tareas que se realizan… ¿qué sentimientos despierta este taller de manualidades? Probablemente interés y admiración sean dos de las sensaciones que estas mujeres consiguen transmitir al exterior. Así es ese lugar; un lugar que seguirá siendo testigo de ideas, proyectos y labores por mucho más tiempo…

Un día en el taller de labores de Cáritas
Son las cuatro y media de la tarde de un lunes atípicamente cálido para estar a mediados de noviembre. Un par de señoras –algo ya entradas en años- enfilan la avenida República Argentina de la capital conquense en dirección al taller donde pasarán la tarde. Llegan a un gran edificio pintado en tonos claros y repleto de ventanas por toda la fachada. Ante ellas se alza un llamativo cartel de color rojo con letras blancas: ‘Cáritas diocesanas’. Ascienden los cinco peldaños de la entrada y se dirigen a la derecha, hacia un corredor que comunica con las escaleras por las que subirán. Tras superar el tramo de escalones, atraviesan un largo y estrecho pasillo mientras van dejando atrás numerosas puertas, cada una con un cartelito informativo al lado. Finalmente llegan a la sala donde realizarán sus trabajos manuales. En el interior de la estancia ya hay unas cuantas mujeres repartidas en diferentes mesas. Se oyen saludos de las recién llegadas y algún comentario simpático por parte de las presentes. Una vez terminados los gestos de cortesía de rigor, todas ellas vuelven a sus ocupaciones. Unas tienen entre manos labores con ganchillo, otras se encuentran atareadas con témperas y pinceles. Las nuevas extienden sus manteles sobre la mesa y destapan las pinturas: hoy toca decorar tarritos de cristal para ordenar las especias de sus cocinas. Conforme avanzan los minutos, continúan llegando más señoras a la sala. Vuelven a escucharse los «Hola» o «Qué tal». La cifra de asistentes, todas ellas mujeres, va ascendiendo hasta casi llegar a la veintena. Aumenta el número de participantes y también la variedad de manualidades que realizan. Además del ganchillo y la pintura, ahora se puede oír el traqueteo de la máquina de coser, que ya se ha puesto en funcionamiento. Una de las señoras, ataviada con una bata blanca, frota efusivamente un viejo cajón de madera. Se trata de una de las piezas del mueble que está restaurando. Aún le queda un intenso trabajo por delante para renovar el aspecto de la desgastada cómoda que tiene ante ella.

Restaurar escalada a 600x400
Trabajo de restauración en el taller

A media tarde, algunas de las presentes han sustituido el trabajo por la conversación. Charlan distendidamente sobre su fin de semana o sus planes para los próximos días. También hay tiempo para planificar una futura merienda para todas. «¿Chocolate o café con leche?» dudan al hablar de los preparativos de su próximo tentempié. Entre labor y labor, comienzan a repartir algunos décimos de lotería deseando que la suerte esté de su parte esta Navidad.

A las siete menos cuarto una de las mujeres apremia al resto a terminar lo que tengan entre manos. «Vamos recogiendo», sonríe. Últimas puntadas, pinceladas finales, pespuntes definitivos… Fin del trabajo por hoy. Cada una recoge los materiales que ha utilizado y guarda sus labores. «Hasta el siguiente día», se despiden algunas. Otras se agrupan en la entrada y proponen ir «a tomar algo a cualquier lado». Una vez decidido el sitio, reanudan el paso en dirección al centro de la ciudad mientras dejan atrás el edificio del que han salido. Con la marcha de estas, las puertas del taller de manualidades quedan cerradas hasta el próximo miércoles.

Desde la mirada de las asistentes…
 Son muchos los trabajos manuales que se realizan en este taller de Cáritas. Existe una gran variedad de labores para desarrollar durante el curso, por lo que cada una de las personas que acude allí puede elegir la labor más acorde a sus gustos. «Pintamos en tela, en cristal, en cerámica… Hacemos también pirograbado, patchwork, punto de cruz…», enumera Vicenta, una de las inscritas al curso.

Muestras de algunos de los trabajos
Muestras de algunos de los trabajos

Ante la amplia oferta de tareas para elaborar, es difícil decantarse por una sola. Dependiendo de la destreza y habilidad, hay quien se inclina por trabajos que requieren de una extremada precisión o quienes prefieren manualidades más livianas. Escojan la que escojan, los objetivos principales son entretenerse, disfrutar y distraerse. «Lo que más me gusta es el pirograbado», reconoce Vicenta. Otra de ellas, Adela, prefiere hacer punto. No solo eso, también se dedica a la intendencia del lugar: «Procuro aprender cosas que sean sencillas para enseñar a las demás. Además, me gusta organizar, estar pendiente de comprar los materiales para que no falten. ¡Y organizo de vez en cuando una chocolatada o un café!»

Hay que señalar que el taller de manualidades engancha hasta el punto de que algunas de sus integrantes llevan décadas asistiendo al curso. Vicenta y Adela son dos ejemplos de ello. «Estuve aquí antes, pero me puse a trabajar y lo dejé. Más adelante volví, ¡y ya llevo veinte años seguidos!», asegura la primera. Un caso parecido es el que protagoniza su compañera: «Yo pertenezco a esto; cuando empecé tenía mi hijo dos años. Luego dejé de venir, pero cuando mis chicos crecieron un poco, me apunté de nuevo».

«Si alguien tiene habilidad para hacer algo, ¡que venga y nos enseñe! Igual que nos gusta enseñar, nos gusta aprender».

Pero, ¿qué tiene este taller para que atraiga tanto a sus integrantes? La respuesta es sencilla: la posibilidad de desconexión. Quien acude a este centro puede desconectar, evadirse, dejarse llevar y dar rienda suelta a su creatividad e imaginación. «No he dejado de hacer trabajos: desde que me he jubilado estoy aprendiendo más cosas de manualidades que nunca», ríe Vicenta. De igual forma, Adela apoya esa idea: «El taller es muy útil, me ayuda muchísimo».

Un pasatiempo, una distracción, un apoyo… En definitiva, eso es lo que supone el taller de manualidades de Cáritas para sus integrantes. Integrantes que, cuando se les pregunta si recomendarían el centro a más personas, no dudan en decir que sí. «Que venga aquí todo el que quiera aprender. Y si alguien tiene habilidad para hacer algo, ¡que venga y nos enseñe! Igual que nos gusta enseñar, nos gusta aprender».

Foto de grupo. Participantes del taller
Foto de grupo. Participantes del taller
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Nazaret Benito

Estudiante de Periodismo en la UCLM. Redactora en 'El Observador de Castilla La-Mancha'. Cargada de energía y ganas de aprender. De vez en cuando, me da por escribir...
Nazaret Benito

Nazaret Benito

Estudiante de Periodismo en la UCLM. Redactora en 'El Observador de Castilla La-Mancha'. Cargada de energía y ganas de aprender. De vez en cuando, me da por escribir...

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