El consumo de medios impresos no deja de caer conforme crece el número de portales en internet y el uso de la tecnología por parte de los consumidores de información. Leemos el periódico desde el Smartphone, la Tablet o el portátil y los diarios en papel están viviendo la inclinación de los anunciantes hacia la web. Por esto cada vez hay más periodistas que optan por el ciberperiodismo.

El medio digital infoLibre y la publicación impresa tintaLibre, son proyectos que surgen de la iniciativa de un mismo equipo de profesionales con Jesús Maraña como director, quien dirigió durante dos años, y hasta el cese de su edición impresa, el diario Público. Hablamos con Antonio García Maldonado, redactor y editor de infoLibre y tintaLibre que, como cronista especializado, es redactor de elpuercoespín, , ha trabajado en Colombia para la revista Arcadia y es además editor literario y traductor.

Según tengo entendido, has vivido algunos años en Argentina y ahora estás en Colombia. Si es así, como periodista ¿por qué elegiste Latinoamérica? 

En mi caso, la elección por Latinoamérica fue casual, o por razones ajenas al periodismo. No me fui allí porque considerara que era un lugar estupendo para practicar la profesión. Me fui muy joven con la que entonces era mi novia, y me encantó Bariloche, que es donde viví. Allí di clases de Estadística (mi carrera es Economía) y trabajé en una editorial española, para la que hacía gestiones en Buenos Aires. Lo que tengo muy claro es que América Latina me decantó (por sus magníficos escritores y periodistas, y por su realidad tan compleja) por el periodismo, por la narrativa de no ficción y la crónica en concreto.

¿Cuándo y cómo comenzó tu carrera profesional? ¿Siempre has tenido claro el tipo de información a la que querías dedicarte?

Siempre he querido ser periodista, aunque yo entré en el mercado laboral cuando ya el periodismo vivía una crisis de identidad y de modelo de negocio muy seria, de modo que nunca lo fié todo al periodismo. He sido editor literario, traductor, librero, profesor, etc. Aunque todo de alguna manera relacionado con el periodismo. Mi carrera comenzó como crítico literario en un diario provincial de Málaga, aunque se profesionalizó en Colombia. Allí escribí regularmente en la revista Arcadia, sobre todo reportajes culturales. Y allí hice algunos trabajos de investigación para El Puercoespín, que luego me ofreció la posibilidad de tener un blog permanente. En general, he colaborado mucho con distintos medios de América Latina, todos impresos: El Malpensante (Colombia), La Prensa (Nicaragua), La Nación (Argentina), etc.

En cuanto a qué tipo de información he querido siempre dar, también lo tuve claro: en cuanto al ámbito, Internacional, y en cuanto al género o estilo, la crónica y el reportaje. Para mí, lo ideal sería ser corresponsal en algún país extranjero. Pero ese puesto sí está en franca crisis…

“Lo digital te ofrece unas posibilidades inmensas”

¿Contemplabas desde el principio la idea de trabajar en la web?

Todo el que comienza a dar sus pasos en periodismo tiene una visión romántica del papel, como que le da preeminencia sobre lo digital. A mí me pasaba, y en parte me ocurre aún, pero es un pensamiento erróneo. Al final, te das cuenta de que lo digital te ofrece unas posibilidades inmensas, como enlazar vídeos, la inmediatez, el bajo coste y, no menos importante, la posibilidad de corregir. El papel me gusta para formatos como la crónica y el reportaje. Soy incapaz de leer géneros como ese en pantalla más de dos horas. No imagino mis domingos de prensa pegado a una pantalla, pero hoy en día nadie puede aspirar a ser periodista sin la certeza de que trabajará para un medio o una versión de ese medio en digital. Distinto es que luego, además, eso se publique impreso.

¿Qué opinas del futuro de los diarios impresos? ¿Crees que los medios escritos de calidad van a quedar reducidos al espacio digital?

No creo, pero lo que parece claro es que habrá menos cabeceras, y que las que sobrevivan no van a seguir compitiendo con noticias del día a día con las webs, sino ofreciendo semanarios de opinión, análisis y reflexión, algo parecido a lo que hacen The New Yorker, Le Nouvel Observateur o The Economist, entre otros (como tintaLibre). De momento, las versiones impresas de los grandes siguen proporcionando el 95% de los ingresos de las cabeceras, y pese a ello, las ediciones digitales se llevan mucho más de la mitad de la inversión. El modelo de negocio aún está por definirse.

¿Qué ventajas e inconvenientes tiene la web para el verdadero periodismo? Entendiéndolo como el esfuerzo por concienciar e informar al público para hacerlo más libre, ofreciendo información alejada de intereses y del entretenimiento.

Es mucho más barato, hay más participación-interacción y es inmediato. Tiene sus riesgos, sin duda, como el de el exceso de datos, la falta de tiempo para un análisis reposado de la realidad o la tendencia a la distracción con tanto gadget, pantalla, video… Hay una fascinación a veces en el continente que degrada al contenido.

El “periodismo ciudadano” se considera una amenaza para la profesión periodística. ¿Qué opinión te merece el hecho de que en Internet conviva el trabajo de periodistas profesionales con información elaborada por aficionados del mundo de la comunicación?

No me gusta la etiqueta “periodismo ciudadano”. Si es periodismo, no hace falta ponerle apellidos. Igual que hay bazofia amparada en grandes cabeceras, hay buen periodismo que nace de un ciudadano anónimo. Lo que me preocupa es cómo podremos distinguir el grano de la paja en la inmensidad de la red. Por eso creo que son necesarias las cabeceras, sean digitales o impresas, para que hagan el trabajo de selección. Pasa igual en la edición de libros: no es que los libros no estuvieran allí antes de que llegara la editorial, sino que ésta los selecciona y los “ampara” de alguna forma. Las cabeceras tienen aún mucho trabajo que hacer para guiarnos en la era digital. Lo importante es que lo haga según criterios editoriales y periodísticos, y no empresariales. Y en esto, el bajo coste de las ediciones digitales las hace, en principio, más fiables.

Algunos autores hablan de “microperiodismos” para referirse a medios digitales desvinculados de grandes grupos de comunicación. Siendo infoLibre una oportunidad para el periodismo riguroso e independiente, ¿lo definirías como “microperiodismo”?

El prefijo “micro” parece que implica algo peyorativo. Yo creo que vivimos un cambio de era en general, y en el periodismo por partida doble, y mi impresión es que hay empresarias periodísticas digitales (ojalá que infoLibre) que están ahora en un papel parecido al que jugó El País en el 76, que hizo viejo a diarios como Ya, Pueblo o Informaciones. Son empresas “micro” en cuanto a su estructura empresarial y su capacidad financiera, pero las aspiraciones son “macro”, porque sitúan el contenido (la información) en la cúspide de su jerarquía.

¿Cuántos profesionales llevan adelante infoLibre y tintaLibre? ¿Cómo surge la idea de poner en marcha estos proyectos?

En infoLibre y tintaLibre trabajamos como periodistas de plantilla 15 personas. tintaLibre la llevan dos periodistas, aunque varios más colaboramos siempre y cuando nuestro papel en infoLibre nos lo permita. Somos, en realidad, un mismo equipo. Y a los periodistas de plantilla se unen bastantes colaboradores ocasionales para ambos medios. Es una redacción pequeña pero con muchas conexiones, tanto en España como en Europa y América Latina.

¿Estáis consiguiendo los suscriptores que esperabais para hacer de ambos proyectos medios de calidad rentable?

De momento, a día de hoy, no está aún disponible la web y por tanto no se pueden hacer aún suscripciones. Si sirviera de termómetro los seguidores de twitter y los amigos de facebook, las expectativas son altas. Veremos.

¿Hasta qué punto se puede explotar el potencial de las redes sociales para promocionar un medio? ¿Debe haber un límite en la interacción público-periodista?

Creo que las redes sociales están muy bien para generar debate, para captar ideas y para dar a conocer tu trabajo, pero siempre a posteriori. Inevitablemente, en la labor del periodista/cronista hay una parte solitaria, de aislamiento para conocer, interpretar y asimilar la realidad antes de ponerla negro sobre blanco. Eso no puede perderse sin un grave deterioro del contenido. Me alarma ver la creciente dificultad para leer un libro (sea impreso o en ebook), siempre distraídos por el móvil, las redes sociales, el whatsapp… Eso creo que sí debe tener un límite, que por supuesto parte del propio periodista.

En la conexión Bogotá-Málaga

¿Cómo comenzó la idea del blog “conexión Bogotá-Málaga”?

Hice dos reportajes de investigación para El Puercoespín, uno sobre el sistema mafioso de gestión de taxis en Bogotá y otro sobre los problemas de Cepsa en el país. Les gustó y fueron ellos los que me propusieron tener una presencia fija a través de un blog.

Tuve la oportunidad de escuchar la experiencia de una periodista colombiana exiliada en España. Allí la realidad es muy dura, ¿Puedes adentrarte en la realidad política como periodista?

La realidad es muy dura, sí, aunque no para los periodistas extranjeros, europeos y norteamericanos sobre todo. Quizá por un tema de imagen se cuidan de amenazarlos o asesinarlos. Hace unos meses las FARC secuestraron a un periodista francés que iba junto a una patrulla del ejército, y lo soltaron a los pocos meses. Si eso ocurre con un periodista colombiano, no nos habríamos enterado y el periodista estaría muerto. Sí hubo una época, que coincide con el reinado de Pablo Escobar en el narcotráfico, en la que los periodistas, incluso los directores de periódicos, caían con frecuencia. Uno de los mayores atentados de los 90 fue contra la sede de uno de los principales diarios, El Espectador. Pero eso ha cambiado. Ahora hay una violencia más difusa, que se practica en silencio contra periodistas en provincias, contra líderes campesinos o pro derechos humanos.

¿Crees que existe en España algún medio impreso dispuesto a dedicar su espacio a información profunda y reivindicativa sobre Colombia?

Colombia tiene espacio, no sé si suficiente, pero en general el conflicto es tratado con cierto interés. No sé si con acierto, pero ese es otro tema. Me preocupa más la visión idealizada que desde los medios se tiene de Colombia. Sin duda progresa, pero tiene unas lacras tremendas, y en algunas han retrocedido. Hay, además, demasiados intereses empresariales. Te remito a mi crónica en El Puercoespín sobre Cepsa, donde trato algunos de estos temas.

Divides tu trabajo entre varios proyectos. ¿Desde dónde trabajas? ¿Requiere el periodismo digital ser periodista a tiempo completo?

Ahora mismo trabajo en Madrid, en la redacción de infoLibre, y es la primera vez que tengo algo parecido a un trabajo a tiempo completo como periodista. O, mejor dicho, es la primera vez que podría dedicarme sólo a una cosa. Pero siempre estoy traduciendo algo (que me interese y guste) o preparando alguna crónica o investigando para algún libro. Quizá estas primeras semanas de infoLibre sólo pueda dedicarme a la redacción, y está bien que así sea. Trabajar en varias cosas para ganar un sueldo es a veces desquiciante.

Y ya para terminar, desde tu experiencia profesional ¿me darías algún consejo sobre cómo desarrollar y ofrecer a través de la red periodismo de investigación?

Mi consejo es que te afanes por tener una cultura amplísima, que no dejes de leer y ver, que tengas una capacidad de asociación alta, y que escribas mucho para tener mucha soltura. A partir de ahí, dos consejos más concretos: intenta pasar una temporada fuera, empapándote de un país y una cultura distinta, y especialízate en algo. Has de ser una buena redactora siempre, pero tienes que ser la mejor en algo. Búscate un tema (Oriente Medio, América Latina, evasión fiscal, criminalidad, etc.) y métete de lleno en él. Intenta hacerte un referente de algo. Yo he intentado serlo en la crónica, y por eso me han llamado para infoLibre y tintaLibre. Y, por último, dedícale mucho tiempo a las relaciones sociales: ten muchos contactos y asiste a todos los actos que puedas a los que vaya gente importante en el mundo del periodismo. Aquí no se contrata por leer un CV, sino por afinidad y confianza personal.

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