El alpinismo o montañismo tiene su origen en el S.XVIII en los Alpes, es considerado una modalidad deportiva de montaña que consiste según la RAE en “la ascensión a las altas montañas”.

Este deporte nace oficialmente el 8 de agosto de 1786, cuando el Dr. Michael Gabriel Paccard y Jacques Balman, tras tres años de preparación y pese a muchas dificultades que encontraron por el camino, consiguen llegar a las 18 horas y 23 minutos a la cumbre del Mont Blanc, considerada la montaña más alta de los Alpes con 4810 metros sobre el mar. Desde entonces, el pico se ha convertido en un gran reclamo de interés para muchos amantes del alpinismo. Actualmente, los Alpes son una de las mejores estaciones de esquí del mundo, con pistas para todos los niveles. Son mundialmente conocidos por la calidad que tienen sus pistas y sobretodo, por la posibilidad de practicar montañismo en Cervino, Monte Rosa y Mont Blanc.

Aunque oficialmente este deporte comenzase en 1786, en otros continentes como en Asia llega en el año 1953 con la primera ascensión por la parte nepalí al Everest. Esta ascensión se produce el 29 de mayo de 1953, cuando el alpinista neozalandés Edmund Hillary y el sherpa nepalí Tenzing Norgay alcanzan la cima, a las 11 horas y 30 minutos, un mes después de iniciar esta ventura y con un equipo de 400 personas a sus espaldas, solo ellos dos llegaron a la cima. Esta montaña situada en el Himalaya, que marca frontera entre Nepal y China, es considerada la más alta del mundo con unos 8.848 metros sobre nivel del mar. Hasta la fecha, el Everest acumula alrededor de 5.656 ascensiones. Pero por desgracia, también es considerada la más peligrosa, ya que acumula alrededor de 264 muertes. Uno de los sucesos más trágicos vividos en esta montaña se produjo en abril de 2014, cuando una avalancha de nieve se cobró la vida de 13 guías nepalíes.

El alpinismo es un deporte que acumula riesgos, ya que los escaladores deben prepararse durante varios meses, algunos incluso años, para enfrentarse al mal tiempo, a la falta de oxígeno y a la vista de cadáveres. También los montañeros se enfrentan al mal agudo de montaña, más conocido como mal de altura, que se trata de una falta de adaptación del organismo a las alturas, que puede conllevar a sufrir edemas pulmonares y cerebrales. Enfermeras como María Jesús Gualda advierten que practicar este deporte puede producir “hipoxemia, subida de la tensión arterial, subida de la frecuencia cardíaca… males que pueden derivar en la propia muerte de la persona”, aunque también tiene ventajas como “el aumento de glóbulos rojos”

Vida en la montaña
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Foto: Francisco José Navarro

A pesar los riesgos y dificultades que encuentras al practicar este deporte, muchos son los que se dejan llevar por el amor a la montaña y dejan atrás los miedos. Uno de ellos es Francisco José Navarro García-Andújar, este alpinista y profesor de filosofía a la vez, empezó su aventura en el mundo del montañismo desde muy joven “al sentir el placer de recorrerse andando las sierras de nuestra provincia, o con un poco de suerte, subir picos de los Pirineos” cuenta Francisco José, además dice que “lo que me atraía de la montaña era un conjunto de elementos diversos: El escenario, las sobrecogedoras montañas que nunca te decepcionan. La sensación de estar en un medio que te supera, y que en cualquier momento puede volverse en tu contra, porque la montaña siempre tiene peligro, sobre todo cuando estás expuesto a ella en alturas de seis mil o siete mil metros. El reto de llegar a la cumbre, con lo que ello conlleva de esfuerzo físico y sobre todo psíquico. Y finalmente, me atraía conocer a gente, montañeros con los que, quieras o no, compartes una forma de ver la vida.”

Durante el tiempo que Francisco José se dedicó al montañismo, recorrió varios lugares guiado por su amor a este deporte, una gran trayectoria que cuenta así; “Ascendí, con bastantes dificultades, y quizás gracias a mi cabeza (más que a mis piernas) el Aconcagua (cima de Sudamérica) el Kilimanjaro (cima de África), el Elbruss (cima de Europa) y una decena de picos por encima de los 4000 mts en los Alpes y los Andes. En todas esas montañas encontré un montañismo de valores claros. No era una lucha desbocada por llegar a la cumbre a cualquier precio. Había colaboración continua entre todos, porque sabíamos que de esa cooperación dependía el éxito de la expedición. Las amistades hechas ascendiendo una cumbre, cuando el oxígeno no te llega al cerebro de forma conveniente, cuando el carácter se te agria por el frío y el esfuerzo, esas amistades son para siempre. La montaña siempre es riesgo, pero antes una cumbre no valía una vida, no valía la pena un riesgo extremo con tal de conseguir tocar la cima. Si no se podía, te girabas, descendías y comenzabas a soñar con una próxima vez. El montañismo de antes dependía de tus propias fuerzas y de un buen grupo, solidario y valiente. Y por eso era un deporte no para todo el mundo. Costaba mucho andar varios días para llegar al campamento base, y luego era agotador montar campamentos en altura acarreando peso a tus espaldas para ir montando la vía. Era un trabajo lento y meticuloso, no apto para el gran público, aunque si cualquiera se lo proponía, lo podía conseguir.” Pero antes de retirarse por completo debido a que sus condiciones físicas ya no le permitían seguir, cumplió su último sueño, “contemplé la cumbre del Everest ahí, enfrente de mí”.

Como hemos dicho anteriormente, uno de los riesgos que tiene practicar este deporte es que puede provocar la muerte. Esto es lo que le sucedió a Iñaki Ochoa de Olza Seguin, este montañero, natural de Pamplona, fue guía de alta montaña y realizó más de 200 expediciones al Himalaya. Se inició en este mundo con apenas 22 años, y tras pasar 19 años en el Himalaya, abrió nuevos caminos en los ocho miles, donde sufrió aludes, vio morir amigos… Iñaki desempeño la labor de fotógrafo, escritor y cámara para RTVE y colaboró en varios rescates. Para él la montaña era “cuestión de principios”, así lo afirmaba en informe Robinson, rescate a Iñaki Ochoa. Este alpinista construyó su vida a base de retos, lo que le llevó en mayo de 2008 a escalar el Annapurna, (montaña situada en Nepal, a 8.091 metros de altura sobre el mar). Pero esta expedición no salió como a Iñaki le hubiese gustado, ya que cuando le quedaban apenas 100 metros para llegar a la cumbre, notó problemas y se dio la vuelta. Desde Pamplona sabían que algo iba mal, por lo que 14 alpinistas se jugaron la vida para rescatarlo, entre ellos estaba Dennis Urubko (mejor himalayista del mundo), pero las esperanzas puestas en este rescate se desvanecieron cuando el 23 de mayo de 2008, al llegar al campo base en el que se encontraba Iñaki, (a 8.000 metros de altura sobre el mar), este ya fallecía víctima de un edema pulmonar y cerebral.  Se apagaba así una de muchas vidas en la montaña, ya que este es un deporte que tiene una cara muy fea y a la vez muy bonita , ya que este es un deporte que puede darte muchas emociones y muchas tristezas a la vez.

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Maria Gualda

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