Un miedo a lo desconocido, donde el eco de olas ya no son distinguidas. Una desconfianza que a María Arcos no le había dejado hasta hace dos años realizar el sueño de su padre Bartolo; que su hija buceara como él lo hace. Bartolo lleva realizando el buceo como deporte desde 1999 y a nivel profesional desde el año 1988, ya que es Agente del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil.

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Juan Alarcón y Bartolo Arcos

María Arcos lleva dos años con el título, antes solamente había hecho algunas pruebas como bautizo (primera toma de contacto con este deporte) en la piscina. Pero su amiga Llanos Baena hizo que cambiara el rumbo de de la historia para esta familia, y no paró hasta que convenció a María para que el padre les enseñara a ambas. María desconfiaba de lo submarino, pero entre su amiga y su padre le arrancaron ese terror que habitaba en su cabeza. Estos miedos crecen por las películas, según Bartolo, porque en realidad “no hay tiburones que vienen a comerte, eso es precioso”.

María y Llanos tienen el rango de la FEDAS con una estrella y Bartolo tiene tres estrellas que es lo máximo (a partir de ahí están los entrenadores). Bartolo actúa como apoyo del monitor y a su hija y amiga les enseñó todo lo que sabe, aunque el encargado de certificarlo fue Juan Alarcón. Las estrellas certifican los metros de profundidad que puede bajar el buceador; una estrella legitima 25 metros, dos estrellas 35 y tres estrellas autoriza bajar 50 metros.

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Ventano del Diablo

Una de las expediciones que han hecho estos buzos conquenses fue al Ventano del Diablo. Un monumento erigido por la naturaleza, muy distinguido por su mirador al río Júcar dónde se pueden apreciar todo tipo de maravillas. Los buzos afirman que este característico lugar, creado bajo el único patrón que ha trazado la naturaleza a su antojo, oculta encantos submarinos que no pueden observarse a simple vista. La primara vez que salieron de la piscina fue a este lugar. Llanos Baena afirma que “todo está pensado para el buceo y hay una maqueta de un barco enterrado y cosas enterradas de decoración”. El único problema que observan los buceadores en este lugar es que está bastante oscuro. Además, afirman que a parte de estas maravillas, nunca sabes lo que te puedes encontrar bajo el agua porque hay muchísimas cosas, desde gafas de sol de marca hasta una GoPro con todo el equipo.

Las dos amigas recuerdan ese mismo día cuando se les pregunta por cosas sorprendentes del buceo, pues fue la primera vez que salieron de la piscina y ahí fue donde María tuvo que enfrentarse cara a cara a un miedo que hoy en día solo es fascinación. Lo más curioso que ha visto María Arcos en estos dos años es un lucio que la joven considera “gigante” y un pulpo que “cuando lo tocas se desmiembran de ese tentáculo y luego les vuelve a crecer y se escapan o sueltan la tinta”.

Para Bartolo, lo más curioso que ha visto en el buceo como deporte es el pez luna porque es “muy feo y siempre está de lado tomando el sol”. En cuanto a lo laboral, lo que más ha sorprendido a Bartolo es “menos atractivo porque en los rescates solemos buscar cadáveres o armas, pero casi todo son cosas desagradables, eso es horrible porque ya antes te vas imaginando lo que puedes ver abajo”. El último rescate que hicieron fue a “dos chavales de 20 años este verano cuando la ola de calor”.

Lo importante de la formación

Bartolo cree que lo más importante a la hora de practicar el buceo es la formación, en cuanto a la parte deportiva es “un deporte para todo el mundo, pueden hacerlo hasta gente con discapacidades de movilidad en las piernas porque se les prepara un arnés y pueden moverse perfectamente debajo del agua”. Bartolo afirma que aunque es un deporte para todo el mundo, pero “tienes que tener antes una formación tanto teórica como física porque tiene una serie de connotaciones fisiológicas por el buceo a presión bajo el agua”. Lo principal a tener en cuenta en la parte teórica es “el problema del agua con el aire comprimido, el 56% de la composición del aire es nitrógeno, y es la principal dificultad que tenemos los buceadores porque ese nitrógeno se diluye por todo el organismo y a la hora de subir hay que tener unas pautas porque si no lo haces bien puedes tener un problema grave, incluso la muerte”, afirma el buzo.

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María Arcos y Lanos Baena

Además, tienes que conocer las señales para dirigirte al compañero. Todos los cursos están orientados a resolver hipotéticos casos en los que te encuentres con complicaciones y luego el manejo del equipo para controlar la flotabilidad para “trabajar menos y disfrutar del medio dónde estás, que no es el nuestro”, afirma Bartolo. La respiración es solamente por la boca y todo consiste en cansarte lo menos posible pues como dice Bartolo “no hay prisa”. El buceo es sinónimo de compañerismo, está prohibido bucear solo. Según Bartolo, “si tienes un problema como un mareo y estás solo, te ahogas. Además, la señal que más se repite es ¿estás bien?”.

Una desventaja

Podemos poner una enorme lista de ventajas que tiene el buceo pero ahí está tachada la palabra económico. Un curso de buceo cuesta entre 350 y 600 euros y si quieres probar un día (lo que se llama un bautizo) rondan los 60 y los 70 euros por el alquiler del material. Además, hay que pagar la licencia anual como deportista federado de 40 euros.

Bartolo habla de un medio que no es el nuestro, en el que es difícil imaginar si no estás bajo el agua. Una manera de poder acercarnos a él y que los buceadores lo graven en la retina es por medio de la fotografía subacuática que los buceadores consideran que cada vez está más de moda. El monitor Juan Lázaro concursa en este tipo de certámenes y ellos han pensado en participar en alguna ocasión. El problema según Bartolo Arcos es la luz, pues “hay que montar una batería para poner los focos que pesa muchísimo”.

Cuando se decide hacer buceo se hace una inversión programada, donde se planea una ruta “para conocer la fauna dónde estás y pararte a ver”, según Bartolo Arcos. Una vez que te dispones a entrar en ese mundo a algunos le entran los miedos y a otros los mareos como a Llanos Baena. Un deporte que provoca buenos momento, María Arcos cuenta hazañas divertidas que han vivido: “Llanos siempre se marea cuando vamos en la lancha antes de comenzar y una vez empezó a decir que iba a vomitar, Bartolo le dio un empujón que le tiró al agua. Una vez en el agua, Bartolo dijo que vomitara ahí que eso era alimento para los peces”. El buceo es un deporte muy interesante dónde no falta el humor, la actividad física, la fotografía y un aprendizaje de un medio acuático todavía por explorar.

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María Arcos y Lanos Baena
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Sheila Algarra

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