La convivencia entre las personas y los animales a menudo no es pacífica. A lo largo de la historia, se han producido continuos conflictos de interés que a veces terminan con un enfrentamiento directo entre unos y otros. Ha sucedido en todas partes del mundo y en todo tipo de hábitat, por ejemplo, en Ecuador los osos andinos y los campesinos mantienen una lucha desigual. En esta zona, los osos están en peligro de extinción, debido a la reducción de su hábitat frente a la expansión agrícola y, con ello, la escasez de animales y frutos de los que se alimentan, los osos buscan comida en las plantaciones y los campesinos para protegerlas han llevado a cabo matanzas. Otro enfrentamiento similar se repite entre zorros y ganaderos; mientras los zorros buscan alimento, los ganaderos tratan de proteger sus animales y su economía, porque para estos los ataques del zorro suponen importantes pérdidas económicas.

En España, especialmente en Castilla y León, el caso más sonado es el de los lobos y los ganaderos. El lobo ibérico, se encuentra protegido desde 1992 por la Directiva Europea de Hábitats, esto ha supuesto que haya aumentado su población y con ello el número de ataques a los ganados. Por este motivo, los ganaderos piden que se descatalogue al lobo como especie de “estricta protección” y se le incluya como especie cinegética.

Similar al conflicto de lobos y ganaderos, existe en España un caso menos conocido, es el enfrentamiento entre piscicultores, pescadores y cormoranes. Este ave estuvo cerca de la extinción hace unos años, por lo que se le calificó como especie protegida, lo que ha provocado el aumento de su población causando pérdidas económicas a los piscicultores y a los pescadores, ya que los cormoranes se alimentan de peces. De esta manera, los afectados piden que se descatalogue a esta especie como protegida y se pueda cazar.

¿Cuál es el problema?

Todos los años, con la llegada del frío a España, se produce una migración desde el norte de Europa que, si bien hace unos años no era importante, en los últimos quince años está causando preocupación en los piscicultores y pescadores de España, y de la Unión Europea. Los causantes son los cormoranes grandes (phalacrocorax carbo).

El cormorán grande habita en cualquier extensión grande de agua. Anida en gran parte de las costas del océano Atlántico, sobre todo en Europa y Norteamérica, de manera que no es una especie propia de España sino que viene a España a invernar. Su longitud es de 80 hasta 100 cm y su peso aproximado de unos 2 hasta los 3 Kg. Su envergadura de alas puede rondar los 120-150 cm. Se alimentan de todo tipo de peces y pueden bucear a profundidades considerables, aguantando bajo el agua una media de 20-30 segundos. Según estudios realizados, la ingesta diaria del cormorán, en invernada, oscila entre los 0,3 y 0,5 Kg de peces al día. Por encima de este peso tiene muchas dificultades para tragarlos, aunque los sacan a la ribera y los hostigan dañándolos.

Cormorán grande
Cormorán grande

De esta manera, según afirma el piscicultor, José Antonio Checa, los cormoranes resultan tan problemáticos debido a su comportamiento gregario. Cuando el cormorán encuentra fuentes de alimentación con abundantes recursos, forma grupos que pueden superar el centenar. Este comportamiento se agudiza en los meses de invierno. Una vez que han disminuido los recursos alimentarios en ríos y embalses, estas aves buscan otras fuentes más fáciles de alimentación, como son las piscifactorías y los tramos en donde las sociedades de pescadores mantienen activas grandes cantidades de poblaciones de peces. Así, si en una zona de río se asientan 40 individuos, en un mes habrán disminuido los peces de esa zona en 480 kilos. Si estos peces tienen un tamaño medio de 100 gramos, el número de ejemplares es de 4.800. Si a esto le sumamos que en estos meses los peces que más actividad tienen en los ríos son los salmónidos, porque en esta época realizan la freza (las hembras ponen los huevos), el daño que están ocasionando es «preocupante», avisa José Antonio.

Los cormoranes resultan tan problemáticos debido a su comportamiento gregario

Según, José Antonio García Abarca, Jefe de Servicio de Medio Natural de Cuenca, en el 2009 se perdió la tercera parte de la producción, lo que les obligó a poner redes en toda la instalación.

Asimismo, J.A. Checa ha declarado que en Castilla- La Mancha, más concretamente en Cuenca y Guadalajara (en ésta última, donde él tiene sus dos piscifactorías), este año se han tenido que cerrar casi todos los cotos de pesca con repoblación sostenida desde el mes de noviembre, ya que han aparecido poblaciones de cormoranes mayores que los años anteriores.

Pues bien, debido a los problemas causados por esta especie, los afectados empezaron a tomar medidas y, en la década de los setenta, tras llegar casi a la extinción, la Unión Europea decidió proteger al cormorán, en todas sus fases de desarrollo, incluyéndolo en la Directiva 79/409/CEE del Consejo de 2 de abril de 1979 relativa a la Conservación de las Aves Silvestres. Esta legislación permite realizar «excepciones» y autoriza el uso de determinadas medidas no letales o letales cuando las aves están causando «graves daños» a un sitio, o si hay un temor razonable de que esto vaya a suceder , o para la protección de la flora y la fauna, y donde no hay otras soluciones satisfactorias. De esta manera, tras dieciocho años en estado de protección, en 1997 se decidió eliminar al cormorán grande de la lista de especies de aves beneficiarías de medidas de protección (anexo I de la Directiva relativa a la Conservación de las Aves Silvestres), debido al considerable aumento de su población, aunque disfruta de un estado favorable de conservación, ya que esta especie no está catalogada como cinegética, es decir, está prohibido cazarla.

El cormorán disfruta de un estado favorable de conservación

Y es aquí donde reside el problema, ya que los pescadores y piscicultores exigen que se catalogue a esta especie como cinegética para poder llevar a cabo medidas de control y evitar que sigan creciendo las poblaciones de cormoranes.

En este sentido, José Antonio Checa afirma que es necesario el control de la especie, ya que “no solo han diezmado poblaciones naturales de peces, también de anfibios, reptiles, insectos y crustáceos”, tanto es así, que cuenta que durante la temporada de verano era frecuente retirar de los estanques de cultivo de las truchas numerosas culebras de agua, sin embargo, en los dos últimos años es muy difícil encontrar una.

Asimismo, el biólogo y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha, Alfonso Salvador, afirma que no le gusta que se acabe con una especie, pero últimamente y como consecuencia de los daños que ocasionan los cormoranes en los ecosistemas acuáticos se plantea la cuestión del control de las poblaciones, “que no su aniquilación”, sentencia.

Evolución de la población

Desde que en 1978 se decidiera proteger al cormorán el número de ejemplares se ha incrementado notablemente. Ejemplo de esto son los datos de la presencia del cormorán en Asturias, donde en el año 1978 se censaron 43 ejemplares, y tras la protección de la especie, se alcanzaron unos 1800 en 2009. Aunque según el último censo nacional del SEO/BirdLife, la comunidad autónoma con mayor población censada de cormorán grande fue Extremadura, con 12.265 ejemplares.

De esta manera, la población censada en 2003, a nivel nacional, era de 68.785 ejemplares, aunque debido a la falta de datos en algunas provincias, se estima que la población estaba próxima a los 75.000 ejemplares, lo que significa que España englobaba a un 15-17% del total de ejemplares en Europa. No se tienen datos más recientes, ya que el último censo de cormorán grande se realizó en 2003, pero a lo largo de la primavera de 2012 y del invierno 2012-2013, se realizará un nuevo censo, el cual se sitúa dentro del censo internacional promovido por UICN/Humedales Grupo Internacional de Investigación Cormorán y el proyecto “CorMan” en colaboración con la Comisión Europea, con el objetivo de evaluar el número y la distribución del cormorán grande.

A nivel Europeo, el número de cormoranes se ha multiplicado por veinte en los últimos 25 años, de manera que se calcula que en 2008 había entre 1.7 y 1.8 millones de cormoranes en Europa. De esta manera, en diciembre del 2008 la Unión Europea tomó medidas contra el aumento de esta especie, con la aprobación del Informe Kindermann. Este informe, elaborado por Heinz Kindermann, propone la elaboración de un plan europeo de gestión de poblaciones de cormoranes para reducir sus crecientes repercusiones en los recursos pesqueros, las pesquerías y la acuicultura. Así, el artículo 9 de la citada Directiva prevé que los Estados Miembros y las regiones puedan adoptar medidas provisionales de contención para evitar prejuicios importantes.

Evolución población cormorán
Evolución población cormorán
En España se dio ese paso con la aprobación de la orden ministerial 2784/2004 de 28 de mayo, que descatalogó al cormorán grande como especie «de interés especial». Además, se han llevado a cabo medidas de control, como la destrucción de puestas, el derribo de colonias, y las batidas. Este último sistema se ha aplicado en varios países de Europa y, por ejemplo, es el utilizado para reducir la población de cormorán grande en Asturias, donde el pasado año se autorizó la caza de 240 ejemplares. Sin embargo, según el proyecto europeo Redcafe (Reducing the Conflict Between Cormorants and Fisheries on a Pan-European Scale), este método no funciona. El informe final del proyecto establece que las matanzas de cormoranes en las zonas de invernada son ineficaces, ya que «las aves muertas son reemplazadas rápidamente por otras», y concluye que «disparar a los cormoranes solo es una forma de calmar la frustración de los pescadores».
Bandada de cormoranes
Bandada de cormoranes
La situación actual no está muy clara, ya que el gobierno, tanto regional como central, es consciente de que el daño causado por los cormoranes cada vez es más grande, pero no toman ninguna medida para que este problema se normalice. Y, por su parte, los principales afectados por estas aves, están empezando a impacientarse esperando una resolución legal.

En resumen, el cormorán es una especie en franja de expansión, según los estudios realizados por la SEO (Sociedad Española de Ornitología), aunque no se puede considerar una especie invasora. Lo que sí que es verdad es que cada año están causando más daños, tanto económicos como medioambientales. Por un lado, causan pérdidas económicas a los piscicultores, no solo por los peces que comen los cormoranes, sino también por la inversión que tienen que hacer en medidas de protección para las zonas donde se encuentran esos peces. A las asociaciones de pescadores que se encargan de mantener ciertos tramos de río repoblados, también les suponen pérdidas, al acabar con parte de la población del río. Y, por otro lado, provocan la pérdida de ejemplares de algunas especies, pero no solo de peces, sino también de reptiles, anfibios o crustáceos, como hemos visto.

El cormorán grande es una especie en expansión, pero no invasora

Por lo tanto, es necesario que los defensores de las partes implicadas en este problema dejen de ver este tema como una lucha entre piscicultores, pescadores y cormoranes, y vayan más allá, de manera que se den cuenta que tanto unos como otros salen perjudicados, de una manera u otra. De manera, que es el momento de que los órganos competentes en esta materia, tanto a nivel Europeo como a nivel nacional, empiecen a tomar medidas que hagan compatible la población sostenible de cormoranes, el trabajo de los acuicultores y el disfrute de los pescadores.

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Estefania Gomez

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