La noche abraza Cuenca, los nazarenos conquenses y otros aguardan en el exterior de la iglesia de San Miguel a que de comienzo el Pregón de la Semana Santa del 2013. Acto que da el primer paso a unas celebraciones consideradas Fiestas de Interés Turístico Internacional desde 1980. Antes y desde entonces, reflejo del sentimiento cristiano de devoción y pasión por la muerte del Redentor en la ciudad de Cuenca.

El acto fue conducido, magníficamente, por la periodista Águeda Lucas Martínez. En principio se pudo disfrutar del canto de la Escolanía de la Soledad de San Agustín, dirigida por Juan Pablo de Haro, interpretando tres piezas. Las jóvenes voces, niños en su mayoría, abrieron el camino de la emoción que iba a dominar el acto de principio a fin. El Coro del Conservatorio de Cuenca, con sus experimentadas voces, dirigidas magistralmente, por Pedro Pablo Morante Calleja conmocionaron sobremanera interpretando su cuarta pieza, El Miserere. Los aplausos de los presentes caldeaban el habitáculo de San Miguel. Como colofón musical la Banda de Música de Cuenca dirigida por Juan Carlos Aguilar. Vientos y tambores modularon varias piezas, Marco Pérez ha muertoEcce-HomoLa Oración del huerto y por último y, más intensa, la marcha fúnebre de San Juan de Nicolás Cabañas, cuyos trinos y redobles trasladaban las mentes a los pasos semana-santeros que están por llegar.

Escolanía de la Soledad de San Agustín. Foto: R.P.S.
Escolanía de la Soledad de San Agustín // Foto: R.P.S.
Concluida la preciosa introducción musical, Águeda Lucas presentó al Pregonero de la Semana Santa de Cuenca 2013; José Javier Muñoz Perea, “Pater”. La bancada llena, el excelentísimo señor Obispo Don José María, presidente, comisión ejecutiva, junta de diputación de la junta de cofradías de la Semana Santa de Cuenca, alcalde, autoridades y nazarenos todos. Las paredes tapizadas de personas de pie no quisieron faltar al acto inaugural de la Semana Santa.

José Javier Muñoz acompañado de un fondo musical solemne y con la luz de San Miguel atenuada, comenzaba su pregón agradeciendo el regalo que le propusieron cuando fue destinado a ser el párroco de las Pedroñeras, capital del ajo, estandarte conquense y castellano manchego en el mundo.

Distintas autoridades presentes en el acto. Foto: R.P.S.
Distintas autoridades presentes en el acto // Foto: R.P.S.

Ese regalo emotivo, ser pregonero de la Semana Santa del 2013, en un principio superaba el ánimo del “Pater”, por circunstancias personales, había fallecido recientemente su padre. Tras las insistencias de las cofradías y demás, aceptó humildemente a llevar a cabo la misión. De igual manera que él insiste a las personas que se unan y formen parte de las distintas cofradías y de su junta rectora, él no les podía fallar.

Pidió a los nazarenos que, vieran cómo les mira Cristo enamorado de ellos; “qué no daría yo, Señor, por tener tu mirada”. Un Dios que hecho hombre estuvo al lado de todos en las alegrías y en las vicisitudes. La Semana Santa de Cuenca muestra la pasión de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Toda Cuenca, nazarenos, familias y vecinos se sacrifican para que los distintos pasos tengan buen fin. Agradeció también a todos los que colaboran con la organización, múltiples detalles que dan forma a la gran fiesta de la Semana Santa de Cuenca. Administradores, dirigentes, transportistas, herreros, todos a una, para engrandecer cada una de las imágenes que alumbran Cuenca a su paso.

No quiso José Javier pasar por alto la crisis social y económica que azota la parte del mundo que no está permanentemente en crisis. Culpando; “al afán del beneficio de la economía financiera frente a la economía de las personas…, la dictadura del relativismo”, “…la prevalencia de la ética del consenso frente a la ética de la verdadera naturaleza humana” y lo más importante para él; “El olvido de Dios y de los auténticos valores”. Este momento requiere un cambio de mentalidad porque; “la otra mentalidad, la del estado del bienestar… se ha hundido y nos ha aplastado debajo”, hay que buscar el estado del; “bien ser”, para construir un mundo mejor, pregonaba José Javier.

“Hay que luchar contra la corrupción, […], continuamente se ve en los medios de comunicación social noticias de corrupción, en todos los ámbitos, político, económico, empresarial, deportivo e incluso, también a veces, en el eclesial. “La corrupción es un delito, un pecado, una vergüenza y un escándalo, […], sed hombres limpios y honrados, Cuenca y su Semana Santa lo merecen”.

Apeló a la igualdad en las hermandades, entre las personas en el abrigo de la Iglesia. “Cuidad de los niños, son el futuro de las hermandades”. En la Hermandad hay momentos para hablar y momentos para callar, pero, todos los momentos son para compartir, para colaborar, arengaba José Javier a los presentes y a los ausentes. La humildad afloró cuando calificó a la Semana Santa de Cuenca como; “no la mejor de las semanas santas del mundo, sino de una más, se debe dejar de lado el orgullo y fomentar la curiosidad, visitar otras semanas santas para aprender de lo bueno y dejar de lado los vicios de la nuestra, todo lo malo, hacerla mejor”, “La Semana Santa de Cuenca será más grande cuando sepa reconocer su pequeñez”.Retour ligne automatique
“¡Señor!, qué no daría yo por tener tu mirada”. Mediado el pregón, que parecía haber comenzado apenas hacia unos minutos José Javier, “Pater”, llevo su otro medio a recorrer todos los días, todos los pasos, todas las imágenes que llenan de Pasión Cristiana las calles, los corazones, los días de la Semana Santa de Cuenca.Retour ligne automatique
El amor, se debe demostrar, como decía la Madre Teresa de Calcuta: “ama hasta que te duela”, el amor es el reflejo del alma en comunión con Dios y con las gentes que se agrupan en la Iglesia. El Perdón del Martes Santo, evidencia de la Misericordia de Jesús para con los pecadores, comprensión, reflexión y perdón.Retour ligne automatique
Este pregón fue escrito en el silencio del Monasterio del Paular en Rascafría, Madrid. El Silencio en reflexión, en conciencia, en comunión con Cristo nuestro Señor. San Esteban, la procesión del Silencio del Miércoles Santo, Nazareno y Dios unidos por el silencio en procesión, recorren Cuenca en amor y hermandad, en conversación con Dios. Respeto ante la conversación, amigo visitante, hermano, con el concierto sublime entre el Hermano y el Señor.

“Nazareno de Cuenca, ¡mira cómo te mira el Señor! Y te invita a su cena, a su oración en el huerto, te perdona cuando le traicionas o le niegas,[…], qué no daría yo, Señor, por tener tu mirada”.

La puerta de La Virgen de la Luz se abre y tras el tintinear de la campana aparece “El Cristillo” que anuncia la procesión de la Archicofradía de la Paz y la Caridad. Anuncia la campana el grito del condenado a muerte, del que anuncio en vida la paz y la caridad. Cristo se dirige a la muerte para redimir a las personas. ¡Nazareno!, medita en la procesión, la paz consecuencia de la humildad, “se pierde la paz por la soberbia y el pecado”, predicaba el “Pater” intentando y, consiguiendo, llegar al fondo humano de los reunidos. Piensa hermano en la caridad; “amaos, hermanos, los unos a los otros, entonces la caridad será la señal que os identificará como cristianos”. El trato con Dios es el trato con los demás, tratad a los hombres como tratáis a Dios. Habla con él bajo la luz de la tulipa y permite que la Paz y la Caridad inunden tu corazón.

La masa de gente en Viernes Santo, sorprende a los despistados, ¿qué pasa?, preguntan algunos, es la gente que acompaña a Dios atado en la cruz camino al calvario. El Salvador se abre con el redoble de tambores destemplados. San Juan, La Soledad y San Agustín conmemoran lo pasado en Jerusalén hace más de dos mil años. Jesús, el condenado, pasaba por las calles camino al patíbulo. El dolor de la flagelación y la coronación lo acompañó con tormento a la crucifixión. “! Hermano!, has visto cómo te mira el Señor, […], qué no daría yo, Señor, por tener tu mirada”. Se abre San Estaban y el Descendimiento aparece. El Calvario, metáfora del sufrimiento de Cristo en crucifixión, el castigo más cruel y abominable. El sanedrín quiso el mayor castigo para el que se reveló al poder establecido, al poder de Roma.

“! Hermano!, mira cómo te mira el crucificado, […], qué no daría yo, Señor, por tener tu mirada”.

José Javier Muñoz Perea, durante el pregón // Foto: R.P.S.
José Javier Muñoz Perea, durante el pregón // Foto: R.P.S.

A la hora exacta de pregón, la repetida frase, estaba ya grabada en los asistentes que haciéndola suya, algunos, lloraban como José Javier al recordar lo que han sentido y sentirán en los días que están por llegar.

Las puertas de las Catedral se abren por última vez, por ellas aparecen El Cristo Yaciente de Jerusalén y Nuestra Señora de la Soledad. La muchedumbre, callada, acompaña a Dios a la sepultura. El silencio de Dios se vive con la intensidad que se invoca su nombre, de igual manera para el creyente y el que le ve en pocas ocasiones.

“! Hermano!, mira cómo ya no te mira Cristo, está muerto, lo hemos matado, ahora solo se oye su silencio, la oscuridad profunda a caído sobre tu alma”. Las aguas de gentes hechas rio acompañan a la Madre para darla el pésame en Las Angustias esperando el Sábado Santo.

“! Hermano!, ¿buscas a Jesús crucificado?, no está aquí; !ha resucitado!”. Es Domingo de Resurrección. San Andrés y sus banceros, ahora descubiertos, portan al Jesús Resucitado y a Nuestra Señora del Amparo. Recorriendo caminos distintos, La Procesión del Encuentro, se convierte en la alegría de Dios y la Madre, de Dios y los hombres, la alegría que sienten los pastores cuando les anuncian el nacimiento de Jesús. La alegría del Señor resucitado, la alegría porque podemos construir un mundo mejor con la Fe puesta en el Señor. ¡Nazareno!, sueña, se firme, se paciente, todo lo tuyo vendrá a tus manos en el momento oportuno, construye una vida nueva mirando a lo alto, contempla la meta y no te cuestiones lo difícil que es alcanzarla.

“! Nazareno!, qué no daría yo, Señor, por tener tu mirada”.
El pregón llega a su fin como el relato de la Semana Santa que nos queda por vivir. Varios minutos de aplausos seguidos de abrazos y felicitaciones a José Javier Muñoz Perea, un humilde cristiano que ejemplifica la pasión por la Pasión de la Semana Santa de Cuenca.

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Raul de Paz

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