En la antigua cultura romana la adopción se entendía como la posibilidad de utilizar a los hijos, adoptados o biológicos, para diferentes necesidades, sin embargo ahora se ve más como un beneficio para el menor, como un modo de garantizarles una vida más estable dentro del seno de una familia estructurada (por estructurada se entiende una familia con capacidad de hacer frente a las dificultades que conlleva la educación en el mundo actual) y responsable.

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Hijos de Marta y Andrés / Imagen cedida por la pareja.

Marta y Andrés son una pareja que adoptó a su tercera hija hace ya unos 7 años. tenían  dos hijos biológicos y decidieron buscar la tercera a través de la vía de la adopción, «es una decisión más emocional que racional» asegura Marta.

Por otra parte Esther y Javier, tenían una hija biológica llamada Irene y decidieron adoptar hace 13 años a Esther, una niña de origen chino, ambas niñas tienen en la actualidad 12 y 13 años, respectivamente. Esther declara que el motivo que les llevo a la adopción fue «porque queríamos tener un hijo o una hija, y era una alternativa más e igual de ilusionante y de sentirte responsable de educar a un hijo aceptándolo sin condiciones. Nosotros podíamos tener hijos biológicos, aunque retrasamos el momento de ser padres».

“La adopción es una decisión judicial por la cual un niño o una niña nacidos en una familia concreta se convierten en el hijo la hija de otra familia perdiendo la vinculación jurídica con su familia de origen y convirtiéndose en todos los efectos y para siempre en el hijo o la hija de su familia adoptiva”, según Jesús Palacios de la Universidad de Sevilla.

En España y en otros países de Europa las adopciones se realizan principalmente por el interés del menor pero también por intereses egoístas de los adultos, como puede ser cubrir el hecho de no poder concebir hijos biológicos. Sin embargo Marta explica que «cuando adoptas, igual que cuando tienes un hijo biológico, hay tener claro que el niño no viene a suplir ninguna carencia personal o de pareja».

Como es sabido, los antecedentes de estos procesos se remontan a la edad media, pero es, una vez finalizada la guerra civil española cuando se da en España una necesidad mayor de familias para menores en situación de “carencia”. Esto se debe a la gran cantidad de niños que quedaron huérfanos o que fueron abandonados por parte de sus padres ante la imposibilidad de poder criarlos.

Durante la mayor parte del siglo XX se creó una institucionalización de niños y niñas en situación de orfandad. “Diversos organismos como la Obra de Protección de Menores, el Auxilio Social, o las Diputaciones, desarrollaron una gran red de instituciones para acoger a menores de edad” (del Valle y Fuertes, 2000). Sin embargo, durante los años ochenta, a medida que se fue construyendo el sistema público de servicios sociales y se estabilizó la democracia en España, fueron desapareciendo progresivamente o han sido sustituidos por asociaciones y organizaciones no gubernamentales (ONG) creadas para mejorar el escenario de los menores que se encuentran en situación de desamparo.

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Irene y Esther hijas de Esther y Javier/ Imagen cedida por la pareja.

En el año 1958, el Código Civil recogió dos modalidades de adopción denominadas “plena y menos plena”. En la primera, los niños y niñas que podían ser adoptados eran aquellos que fueron abandonados, que sus padres eran desconocidos y que tuvieran menos de 14 años. Significaba una adopción completa, con esta modalidad “el legislador pretendía igualar la situación familiar adoptiva y la biológica” (Rubino, 1995), en la que el adoptado pasaba a tener los apellidos de los padres adoptivos. Sin embargo en el caso de la adopción “menos plena” se permitía al adoptado conservar los apellidos de los padres biológicos.

Con la aprobación de la Constitución Española se produce una modernización del concepto y nace la Ley 21/1987 conocida como “Ley de Adopción” en la que se producen cambios significativos, entre otros la desaparición de la adopción simple, quedando únicamente la adopción plena. Esta Ley es sustituida más tarde por la que nos ha guiado en este proceso hasta este mismo año, la Ley 1/1996 de Protección Jurídica del Menor. Dicha Ley  estableció una distinción entre la situación de riesgo y la situación de desamparo, que da lugar a un grado de intervención diferente por parte del Estado.

En consecuencia, siguiendo lo estipulado en el artículo 172.1 del Código Civil, se entiende por desamparo: “aquella situación que se produce de hecho a causa del incumplimiento o inadecuado ejercicio de los deberes de protección establecidos por las leyes para la guarda de menores, cuando éstos queden privados de la necesaria asistencia moral o material”. En estos supuestos la entidad pública puede asumir la tutela automática y la guarda del menor, estableciendo para ello las medidas de acogimiento residencial, acogimiento familiar y adopción. Por su parte, en cuanto a la situación de riesgo, en el artículo 172.2 del Código Civil se recoge: “cuando los padres o tutores, por circunstancias graves, no puedan cuidar al menor, podrán solicitar a la entidad pública competente que ésta asuma su guarda durante el tiempo necesario”, según el libro La adopción de Menores, Retos y Necesidades de la Asociación Andaluza de Ayuda a la Adopción y a la Infancia.

¿Qué ocurre en la actualidad?
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Datos del Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad

En el periodo de 2010 a 2014 un total de 9.148 niños fueron adoptados en nuestro país bajo el concepto de adopciones internacionales, según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. La procedencia de los niños adoptados el pasado año fue muy variada, entre los que destacan China y Rusia como principales lugares de origen, con 229 y 161, respectivamente, seguidos de Vietnam, Filipinas y Etiopía.

Esther y Javier afirman que los motivos que le llevaron a adoptar a la pequeña fue «porque la adopción en España es muy limitada y en otro país, como China, era en un plazo de menos de 24 meses y un proceso muy transparente en comparación con otros países de adopción internacional».

Marta y Andrés, la otra pareja protagonista de este reportaje, realizaron la adopción internacional, concretamente fueron a Albania para adoptar a su hija. Para completar el proceso tardaron tres años e invirtieron aproximadamente 18.000 euros. Marta asegura que «si hubiera sido una adopción nacional probablemente habría tardado más en tener a mi hija». Sonia Yuste cuenta «que actualmente se están asignando adoptados a padres que comenzaron los trámites en 2010».

A la hora de tratar el tema de los gastos que supone un proceso de adopción, Esther y Javier añaden que se gastaron «aproximadamente  lo que gasta una pareja que fume 1 paquete de  cigarrillos rubios al día al año.  Menos  que un viaje al Caribe durante 15 días con todo pagado. Menos que las vacaciones de una  una familia de cuatro miembros durante una semana en Tenerife en plena temporada en un hotel de 4 estrellas. Menos que un abrigo de piel…».

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Esther y Javier con sus dos hijas/ Imagen cedida por la pareja.

Uno de los aspectos que más debate ha provocado con respecto a las adopciones, es la pregunta de si el niño tiene derecho a conocer a su familia biológica o por el contrario cualquier vínculo que pueda haber entre ambos debe desaparecer totalmente en el momento de su adopción. Esto es un debate interminable que la Ley 54/2007 de 28 de diciembre, de Adopción Internacional recoge en su artículo 12 afirmando que “las personas adoptadas, alcanzada la mayoría de edad o durante su minoría de edad a través de sus representantes legales, tendrán derecho a conocer los datos que sobre sus orígenes obren en poder de las Entidades Públicas, sin perjuicio de las limitaciones que pudieran derivarse de la legislación de los países de procedencia de los menores. Este derecho se hará efectivo con el asesoramiento, la ayuda y mediación de los servicios especializados de la Entidad Pública, los organismos acreditados o entidades autorizadas para tal fin”, además las Entidades Públicas deben conservar las informaciones que tengan que ver con los orígenes del menor, así como todo lo relacionado a la identidad de sus progenitores y la historia médica del niño y su familia, si la adopción se ha tramitado por organismos acreditados estos tienen la obligación de darle información a las Entidades Públicas sobre los orígenes del adoptado.

Marta y Andrés tienen claro que si en algún momento su hija quiere conocer sus orígenes biológicos no solo la apoyarían sino que la acompañarían donde hiciera falta. «Una cosa que nos enseñan en los cursos es que normalmente los niños que conocen desde el principio que son adoptados no buscan sus origenes, suele ser cuando no lo saben y al descubrirlo se sienten engañados, cuando más ganas tienen de conocer a sus familiares biológicos».

Del mismo modo, los padres de Esther no tienen ninguna duda en «ayudarla a que los conozca, si nos pide nuestra ayuda. Aunque ella sabe que es complicado conocer a sus padres biológicos en China, aunque puede conocer el lugar donde nació, su provincia… Eso es un viaje pendiente que, si podemos, realizaremos toda la familia, conocer con nuestras hijas el lugar donde nació su hermana o nuestra hija adoptiva».

En el ordenamiento jurídico español la adopción tiene las siguientes características:

  • Extinción de vínculos jurídicos sustanciales entre el adoptado y su familia anterior.
  • Hace surgir los mismos vínculos de filiación que los de la filiación por naturaleza.
  • Es irrevocable.

En la actualidad, los interesados en adoptar deben cumplir unos requisitos que se recogen en el artículo 175 del Código Civil, además también deben cumplir los que estipule cada comunidad autónoma. Los requisitos que aparecen en el Código Civil son:

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Datos del libro «La adopción de menores: retos y necesidades»

Uno de los dos miembros de la pareja debe tener, al menos, 25 años de edad y 14 años más que el adoptado.

-La diferencia de edad entre los padres adoptivos y el niño adoptado no debe ser superior a 40 años. Este requisito se sustenta en una idea de sentido común puesto que, primero hay que garantizar el relevo generacional y segundo los padres deben ser capaces de cuidar del adoptado con plenas facultades para ello, garantizando además que el niño no se quede huérfano por causas naturales, es decir tener una edad que no ponga en peligro su propia supervivencia. Por este motivo en algunas comunidades autónomas elevan la cifra y ponen como requisito que la diferencia no supere  los 45 años.

-Presentar los trámites de adopción en el registro de adopciones correspondiente, así como que existan motivaciones suficientes para iniciar los trámites de adopción.

-Reunir las condiciones psicológicas necesarias para atender al menor. Este requisito se mide a través de un informe de idoneidad que redactan personas especializadas en este sentido, como son trabajadores sociales, psicólogos etc. Además los adoptantes tienen que tener las condiciones económicas suficientes para hacerse cargo del niño y de su educación.

-Convivencia mínima de la pareja de 2 años.

-Se valora negativamente que las parejas condicionen su adopción a determinadas características del menor, como sexo, edad o procedencia socio-familiar del menor.

Como obligacion añadido, algunas comunidades autónomas consideran indispensable residir en la región en la que se solicita la adopción del niño. Todos estos requisitos los suscribió durante la entrevista Sonia Yuste, trabajadora social de Castilla-La Mancha en Toledo.

A pesar de todos estos requerimientos y de que existe una leyenda de que los trámites son muy duros, Marta asegura que en su caso pasar el test de idoneidad no fue difícil, sino más bien inquietante. «nosotros ya teníamos dos hijos y el riesgo de que no nos consideran aptos nos agobiaba, más por la sensación de que podíamos estar haciendo algo mal y no eramos conscientes que por el proceso. Pero al final todo llega.»

En cuanto a las recomendaciones a los padres que actualmente estén en proceso de adopción, Esther les aconseja «que lo haga con la ilusión de que van a ser padres de manera muy consciente y que tengan mucho respeto con los sentimientos que todavía no han experimentado  ambos y que van a surgir durante el proceso, y que confíen en los expertos y en la formación que reciben los padres adoptivos durante el proceso de adopción».

La adopción en Castilla-La Mancha

Un total de 21 niños fueron adoptados en nuestra región el pasado año 2014. Actualmente,  758 parejas, incluidas las monoparentales, se encuentran en trámites de adopción regional y un total de 824 parejas para adopciones internacionales, datos proporcionados por Sonia Yuste, trabajadora Social de Castilla-La Mancha en Toledo.

El Código Civil y la Ley 3/1999 del 31 de marzo, del menor de Castilla-La Mancha y el Decreto 45/2005, de 19/04/2009 por el cual se regula la adopción a menores; son las dos legislaciones que engloban  lo relacionado a las adopciones en nuestra región, además de otras normativas de actividades específicas.

En cuanto a la idoneidad de los adoptantes el Decreto expone que «La Administración de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, a través de la Consejería de Bienestar Social y de Entidades Colaboradoras, en su caso, desarrollará un sistema de información de la adopción, tanto de carácter general como particularizado a las personas interesadas al objeto de facilitar un mejor conocimiento sobre su tipología, requisitos y procedimientos» En el caso de las adopciones internacionales la información que se ofrece incluirá, «la indicación de la autoridad competente del Estado ante el que deba tramitarse el correspondiente procedimiento y los requisitos específicos que hayan de cumplirse según su legislación» y la declaración de idoneidad tendrá una vigencia de tres años siempre que no existan modificaciones por causas extraordinarias.

«Recuerdo que además del curso y del test de idoneidad que consiste en entrevistas,  por separado y en conjunto. Te visitan en casa, ven el entorno en el que vives, te piden informes económicos porque obviamente tienes que demostrar que vas a poder hacerte cargo de esa persona y facilitarle todo lo que necesita», relata Marta.

Muchas parejas abandonan el proceso de adopción, bien porque la mujer se queda embarazada, hecho que automáticamente paraliza el proceso, o bien porque es un trayecto largo, que dura más que un embarazo y que en muchas ocasiones genera reproches e inseguridades en la convivencia, además crea mucho desgaste psicológico.

Marta aconseja a las personas que quieren comenzar los trámites que busquen otras cosas en las que pensar, «el proceso de adopción no puede ocupar el 100% de tus pensamientos, es un proceso largo y si no focalizas en otras cosas te vuelves loca». Por ello, para las familias que inicien procesos de adopción, la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales ofrecen apoyos para hacer frente a “las particularidades y retos que conlleva la adopción”.

Por un lado apoyo técnico, llevado a cabo por los Equipos Interdisciplinares de Menores de los Servicios Periféricos de Sanidad y Asuntos Sociales, los cuales realizan tareas de asesoramiento, seguimiento y apoyo técnico al proceso adoptivo, tanto en la etapa preadoptiva como en la fase de adaptación del niño adoptado a la familia y también apoyo durante la post-adopción mediante el Programa de Apoyo post-adopción. Y por otro lado, el apoyo económico a familias que hayan terminado un proceso preadoptivo o adoptivo de menores que tengan particularidades o procesos de adopción que hayan generado gastos extraordinarios vinculados con la adopción. Este apoyo económico está regulado por el Decreto 80/2012, de 26/04/2012, por el que se regulan ayudas económicas a familias numerosas y familias acogedoras de Castilla-La Mancha.

«Esta ayuda resulta fundamental, primero porque durante el proceso te dicen muchas veces que lo importante es el bien del niño y yo creo que las parejas que no tienen hijos previamente llegan más vulnerables al final del camino y segundo porque es igual de duro todo lo previo que cuando ya tienes al niño en casa y tienes que crear el vinculo de amor. Para eso hace falta mucha paciencia, ya que los niños han sufrido mucho y te ponen a prueba a cada momento», aseguran Andrés y Marta.

En el caso de la pequeña Esther, sus padres nunca pensaron en tirar la toalla «aunque hubo algo ajeno al proceso, “la gripe aviar” que creó una incertidumbre  de si se paralizaba la adopción en China. Tuvimos que esperar 6 meses más de lo que se tardaba en ese momento. Pero eso también, te ayuda a tomar posiciones ante los problemas y ser pacientes aunque vigilantes de los acontecimientos».

En conclusión adoptar, tanto en España como en el extranjero, es un proceso largo y tedioso. En ocasiones muchas parejas se ven tentadas de tirar la toalla y renunciar, no solo a ser padres sino a darle a un menor la oportunidad de criarse en una familia responsable y feliz, Marta asegura que a pasar de tener muy claro el deseo de adoptar hubo momentos de duda. «Nosotros tuvimos muchos problemas, tanto en el país de origen como con la asignación de nuestra hija. A nosotros primero nos asignaron a una niña que no fue la que finalmente es mi hija, nos avisaron en marzo de que pronto la tendríamos junto a nosotros y pasaron más de siete meses sin volver a tener noticias de Albania. Perdí los nervios y la paciencia. Pero al final fue sido un proceso tan emotivo, tan bonito y tengo una hija tan maravillosa que volvería a pasar por todo de nuevo».

Este reportaje ha sido realizado por Alba Aspas y Marta Calleja

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