FICHA TÉCNICA

Título original: Bridge of Spies

Año: 2015

Duración: 135 min.

País:  Estados Unidos

Director: Steven Spielberg

Guión: Matt Charman, Ethan Coen, Joel Coen

Música: Thomas Newman:

Fotografía: Janusz Kaminski

Reparto: Tom Hanks, Mark Rylance, Amy Ryan, Scott Shepherd, Sebastian Koch, Billy Magnussen, Alan Alda, Jesse Plemons, Eve Hewson, Peter McRobbie, Austin Stowell, Domenick Lombardozzi, Michael Gaston

Productora: DreamWorks SKG / Fox 2000 Pictures

Género: Thriller. Drama | Años 50. Guerra Fría. Espionaje. Basado en hechos reales. Drama judicial

Web oficial: http://bridgeofspies.com/

Sinopsis: James Donovan (Tom Hanks), un abogado de Brooklyn (Nueva York) se ve inesperadamente involucrado en la Guerra Fría entre su país y la URSS cuando la mismísima CIA le encarga una difícil misión: negociar la liberación de un piloto estadounidense (Austin Stowell) capturado por la Unión Soviética.


 

El puente de los espías’ llega a las salas sin hacer ruido pero mostrando altas ambiciones

 

Dos de las más célebres y oscarizadas figuras del séptimo arte, el director Steven Spielberg y el actor Tom Hanks, se han reunido para rememorar uno de los hechos más significativos de la llamada Guerra Fría, justo en un contexto actual de endurecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Tras trabajar juntos en filmes como Salvar al Soldado Ryan y La Terminal, han adaptado hechos reales, cargados de tensión política y un escudo de humanidad para reflejar la histeria generalizada que amenazó al mundo entero con el conflicto termonuclear.

El director originario de Ohio, motivado por historias contadas por su padre y los hechos ocurridos durante esta contienda, ha acabado reproduciéndolos en la gran pantalla. “Estaba seguro de que el mundo se acababa. Y ahora, entre el uso de drones rusos y estadounidenses, y los abusos de los espacios aéreos, estamos volviendo a la Guerra Fría”, asegura en una entrevista concedida a El Periódico. Basada en la repercusión de la detención del espía soviético Rudolf Abel en 1957, y el derribo del avión U-2 en 1960, la película narra la historia de James Donovan, un abogado de Brooklyn especializado en Derecho penal que acepta la complicada misión de ejercer la defensa de Abel, acusado de revelar secretos atómicos estadounidenses. El personaje interpretado por Hanks actúa con enorme profesionalidad y perspicacia, haciendo caso omiso a las constantes presiones a las que se ve sometido. Tras esto, su cometido irá más allá: habrá de realizar una casi suicida negociación a tres bandas, con representantes soviéticos y de la República Democrática Alemana, para tratar de canjear al preso ruso por Gary Powers, piloto derribado y apresado en territorio de la URSS, así como por el estudiante de Económicas Frederic Pryor. Acerca de Powers, Spielberg manifiesta: “Estoy seguro de que nunca traicionó a su país dando ninguna información. Y fue hace tan solo tres años, mucho después de su muerte, cuando fue reconocido como héroe”. Tras varias escenas, en las que se intercalan momentos familiares con grandes juicios mediáticos y una relación entre letrado y acusado que va enriqueciéndose paulatinamente, James abandona su país para entrar en el hostil mundo berlinés, lo cual abre una nueva parte en la trama, descongestionándola y conduciéndola lenta pero brillantemente al desenlace, que se produce en el famoso puente de Glienicke.

Esta obra consigue recrear la atmósfera de la Guerra Fría de una manera muy acertada, con el uso de una gama cromática oscura, la densa lluvia fría en Nueva York y la ventisca berlinesa. Retratar la complejidad de semejante beligerancia diplomática resulta, tal y como cuenta el autor, mucho más fiel a la realidad al contar con “cierta perspectiva histórica”. La ambientación está minuciosamente cuidada, con los anuncios de la época que aparecen en televisión, los atuendos, coches e incluso la cartelera que se muestra en un cine neoyorkino. El fervor social, tanto en un bando como en otro, la presencia de tanques en las caóticas calles de la capital alemana o la reconstrucción de escenarios emblemáticos de ambas ciudades conjugan perfectamente con los diálogos, muy cuidados y con gran protagonismo a lo largo de las más de dos horas de cinta.

La fotografía resulta demasiado trémula durante las persecuciones, mientras que en la mayor parte de las escenas más dialécticas peca de excesiva quietud, ralentizando ligeramente la trama. Sin embargo, esto queda compensado en parte con unos estupendos planos del Tribunal Superior de Justicia y de la ciudad de Berlín, con su puente Gennicke.

Spielberg y sus guionistas reflejan acertadamente la paranoia que reinaba en Estados Unidos a mitades del pasado siglo, algo demostrado en la presión mediática que se cierne sobre Donovan y su defendido, las intimidatorias lecciones a los niños en la escuela sobre el conflicto termonuclear, el recelo de las autoridades y las excesivas precauciones, que llevan al protagonista a tener que memorizar datos clave para no poder ser leídos por fuerzas soviéticas. En medio de tanta hostilidad, la simple figura de un negociador inquebrantable, ingenioso y justo es capaz de interponer la razón, y esto es gracias a un Tom Hanks para quien no parecen pasar los años.

Sin duda, el intérprete californiano acomete este papel en el mejor momento posible de su carrera, habiendo adquirido la experiencia, serenidad y versatilidad ideales para poder interpretar este personaje. Tan solo podría quedar puntualmente eclipsado por un excelente Mark Rylance, quien encarna la compleja personalidad de Abel, sorprendentemente calmado y muy aficionado al arte.

El humor irónico enriquece, especialmente en algunas respuestas que proporciona un exhausto James Donovan a representantes estadounidenses, soviéticos y germanos. Escenas como la del “desayuno americano” o la del robo del abrigo, ocurrentes metáforas, el simple hecho de ver a Hanks chapurreando alemán… diversas “cosas de espías” (tal y como sentencia irónicamente el protagonista) oxigenan la claustrofóbica y seria trama argumental.

Resulta especialmente reseñable el momento en que llegan las confesiones íntimas entre abogado y acusado, acompañadas de la música del compositor ruso Dimitri Shostakóvich, lo cual contribuye a humanizar al espía y crear un bello e incomprendido vínculo entre ambos.

gal-peliculas-el-puente-de-los-espias-099239
Rudolf Abel (izquierda) conversando con su abogado James Donovan para preparar su defensa // Foto: ‘El Puente de los espías’

En el resto del filme, la banda sonora aparece puntual y necesariamente, con piezas cuyo protagonista suele ser el piano, algo a lo que Spielberg suele recurrir en sus producciones de corte histórico. Así, suenan melodías tenebrosas para el agresivo interrogatorio a Powers, misteriosas para persecuciones, calmadas para conversaciones, orquestales y bélicas en operaciones de aviación… Además, sirve para indicar al espectador cuándo se acerca la tensión.

Los momentos de acción tienen una contada presencia: el derribo del caza americano en territorio aéreo soviético (muy bien recreado, con unos espectaculares efectos sonoros y especiales) y los tiroteos que sufren los ciudadanos que tratan de escalar el Muro de Berlín. Por su parte, las transiciones entre escenas resultan muy artísticas, sutiles y sugerentes, hilvanando perfectamente el guion y situando en todo momento al espectador en el escenario, personajes y cronología de los hechos.

Con todo ello, nos encontramos con otra notable obra para el currículum de “El Rey Midas de Hollywood”, que se sustenta en la gran complicidad y experiencia anterior con su pupilo favorito, un logrado guion, con brillantes reflexiones sobre conceptos como el de nacionalismo, guerra, justicia… El mérito del director radica en mostrar de forma bastante imparcial una parte de la Guerra Fría, sin caer en la tentación del patriotismo ni en minutos y minutos de acción de gatillo fácil. Más bien, muestra la importancia que tuvo la posesión de información en este conflicto y la ridícula rivalidad entre ambas superpotencias, todo ello perfectamente enmarcado en su contexto, con dos personajes principales muy bien interpretados, pero quizá demasiado protagonismo para el diálogo, lo cual no es, necesariamente, algo negativo, dado la gran calidad del mismo. De igual modo, se echa en falta un final visualmente más dramático. Preguntado acerca de la posibilidad de continuar su historia con la Crisis de los Misiles en Cuba, el director se muestra entusiasmado: “Creo que sería estupendo llevarlo al cine. Cuando Donovan fue a la isla, Kennedy le pidió que sacara a 1.500 presos de allí, y consiguió salvar a 8.000”, sentencia.

En cualquier caso, la industria posee un nutrido catálogo de producciones sobre la pugna entre EEUU y la URSS, pero el acierto de El puente de los espías radica en centrarse en una historia real transcurrida en Berlín, escenario que no ha cobrado hasta ahora el protagonismo en el mundo cultural que merece. Además, el concepto de guerra de información y escalada de tensiones entre bloques es perfectamente aplicable al mundo actual: ya son muchos los expertos que advierten del retorno de una Guerra Fría. “En mis 68 años de vida no he visto jamás el nivel de barbarie actual. Todo el mundo tiene ojos en la nuca, pues hoy en día existe mucho más espionaje que en toda la Historia de la humanidad” – afirma el preocupado cineasta estadounidense.

Estamos ante una película con la que quizá solo pueda rivalizar, dentro del género de espionaje moderno, la cinta El topo, con la genial interpretación del polifacético Gary Oldman. Y, al igual que ocurrió con esta producción, es muy posible que El puente de los espías acabe siendo nominada para los próximos premios Óscar. El tándem Spielberg – Hanks ha confeccionado una muy decente defensa de este género, pero el verdadero juicio de valor tendrá lugar en las taquillas.

VALORACIÓN:

 4_estrellas

The following two tabs change content below.

Antonio J. Villena

La verdad es que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial.
Antonio J. Villena

Antonio J. Villena

La verdad es que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial.

Leave a Response