Si volvemos la vista atrás podemos observar que la caza no es cuestión de hace unos años. Este deporte y acto de supervivencia se ha practicado a lo largo de toda la vida. Nuestros antepasados, más concretamente en la Prehistoria, hacían gala de esta práctica para poder sobrevivir. Pues bien, las pruebas de esto están reflejadas en las diferentes pinturas rupestres repartidas por todo el país. En ellas están plasmadas escenas de caza.

Hoy en día, más que un acto de supervivencia es una afición, un deporte. Miles de personas, cuando la veda está abierta, dedican su tiempo libre a esta práctica deportiva. Disfrutan del campo, del aire limpio, de sus perros y de la caza que encuentran a su paso. Pero todo esto requiere preparación y cuidado del medio natural. Los cazadores no solo van a por la presa sino que son los encargados de mantener en condiciones el hábitat de los animales para, en época de caza, poder divertirse pero siempre llevando cuidado para que las especies no se extingan. “Los cazadores somos los mayores ecologistas que existen ya que disfrutamos del campo y nos gusta proteger las especies”, argumenta Isidro Teruel. En España existen dos tipos de caza, la Menor y la Mayor, ambas se diferencian por las cualidades que las representan.

Caza Menor

Según explica la RAE, la caza menor consiste en “la caza de liebres, conejos, perdices, palomas u otros animales semejantes”, es decir, aquellos ejemplares que tienen un tamaño pequeño. En Alpera, una localidad perteneciente a la provincia de Albacete, esta modalidad es la más demandada. Los cazadores han esperado durante todo el año para disfrutar de su afición. Han puesto a punto a sus perros para que junto a ellos puedan pasar un rato agradable. La veda abrió el 8 de octubre y cerrará el 4 de febrero. A lo largo de estos 5 meses, los aficionados podrán salir al campo a hacer lo que más les gusta, cazar. El domingo es el día clave. Preparan la canana, cinto donde se colocan los cartuchos, las escopetas y a sus fieles compañeros, sus perros. Los conejos, las libres y la reina de la caza menor, la perdiz son sus objetivos a abatir.

Antonio 1
Aficionado preparado para cazar / Foto: Inma Teruel C.

El día comienza con el café en el bar. Este es el lugar de reunión donde los cazadores se agrupan, normalmente con familiares y amigos, para partir hasta el lugar donde les toque cazar. A las 9 de la mañana cada uno a sus puestos y a disfrutar. El cazador alperino, Isidro Teruel enseñó esta práctica a su hijo, Antonio Teruel, que desde bien pequeño ha sido su cómplice y compañero en las mañanas de caza. Con tan solo 8 años, este joven ya apuntaba maneras y con 19 tiene pasión por este deporte. Tras tres horas de carreras, pateando el campo, con los perros haciendo muestras, observando a los animales y finalmente disparando para conseguir su objetivo, estos aficionados vuelven al pueblo para reunirse de nuevo con los demás en el bar. Toca la hora del almuerzo y el intercambio de impresiones.

Esta es una mañana de caza cualquiera pero se puede ir más allá, a la competición. El sueño de todo cazador es ser campeón de España de caza menor. Aunque no sea fácil, los amantes de este deporte, alguna vez en sus vidas, intentan llegar hasta el punto más álgido de esta práctica. Tal es así y tanta es la afición que existe en esta pequeña localidad manchega que uno de sus paisanos, Antonio Díaz Gil, consiguió llegar a lo más alto, ya que se proclamó campeón de España de Caza Menor con perro en el año 2008, tras abatir 8 perdices, 1 libre y 3 conejos. Antonio Díaz ha sido el máximo representante alperino en este deporte y actualmente muchos jóvenes están siguiendo su estela.

Ahora cambiamos de terrenos. De la llanura nos pasamos al monte para hablar y adentrarnos en la Caza Mayor.

Caza Mayor

Esta modalidad consiste “en la caza de jabalíes, lobos, ciervos u otros animales semejantes”, según expone la RAE. Es decir, aquellas piezas que tengan un tamaño superior al de un zorro. En España, las especies que se suelen abatir son el jabalí, corzo, ciervo, venado, gamo, muflón, cabra montesa o arruí. Las formas de practicarla son en montería, rececho o espera.

Al igual que ocurre con la Caza Menor, los aficionados de este deporte comienzan con edades muy tempranas como es el caso de la alperina, Pilar Tárraga Doñate que con tan solo 7 años ya recorría los montes de la mano de su padre, Juan Miguel Tárraga. Con 28 años sigue disfrutando de la Caza Mayor junto a su padre, su hermano y su marido.

REHALA
Parte de la rehala en plena batida / Foto: Inma Teruel C.

Dentro de este ámbito deportivo podemos encontrarnos con dos sectores: los que van con los perros, “perreros”, y los que portan las armas de fuego. Pilar Tárraga está ligada al primer grupo, al de los rehaleros. Como bien explica esta joven, “una rehala es una jauría o agrupación de perros de caza mayor. Esta está compuesta entre 10 y 12 colleras (parejas) de perros de distintas clases: podenco andaluz de talla grande, mastines, dogos, alanos, grifones o valduezas”.  Actualmente, estos perreros tienen 3 rehalas con las que, desde octubre a febrero, pasarán mañanas de gloría. “Para mí son mi pasión, mi vida, mi forma de evadirme, disfrutar y cuidar de algo tan maravilloso como son los animales”, argumenta esta alperina acerca de sus rehalas.

restaurante
Pilar Tárraga y los demás rehaleros / Foto: Inma Teruel C.

 

Toda cacería comienza con la quedada en el restaurante para dirigirse al monte. Normalmente solemos escuchar que se van de batida y como explica esta alperina, consiste en “la acción de batir el monte para “mover” la caza. Los perreros somos los que batimos el monte con nuestros perros para que lleguen a las posturas y estas puedan disparar a las piezas”. Esta es una de las formas de practicar este deporte tan extendido por todo el mundo. Al igual que los cazadores de cazar menor, los monteros también intentan proteger a los animales y por ello “no se deben matar: ni crías, ni hembras. Hay fincas cercadas que controlan mucho más la población y cuidan los trofeos. En fincas abiertas esto es mucho más complicado”, comenta Pilar Tárraga.

ESCOPETA
Puesto de la batida con las armas / Foto: Inma Teruel C.

Este es un deporte generalmente practicado por hombres pero cada vez más nos encontramos con mujeres que se están adentrando en este mundo. Tal es así, que como dice esta aficionada: “yo manejo rifles y escopetas. Mantengo a mis perros, les echo de comer, los cuido, los cargo y descargo en el carro y monteo con ellos tal y como lo hacen mi padre, mi hermano o mi marido. Si es verdad que no sería sensata si no dijera que ellos no me dejan hacer muchas cosas, pero creo que las mujeres podemos y sabemos cazar igual que un hombre”.

Pero lo que siempre queda es el buen sabor de boca del aficionado. “Lo mejor es levantarme cada sábado con mi marido y compartir esta afición con él. Llegar a la perrera y ver a mis fieras, locas por subir al carro para la batalla. También es muy emocionante llegar con mi hermano a un agarre y pinchar juntos un guarro y lo mejor de todo es que mi padre me haya enseñado a disfrutar de esta bonita afición y me haya dado la oportunidad de compartir con él maravillosos momentos…y los que nos quedan”, resalta la cazadora.

Como han mencionado los aficionados de este deporte, una buena mañana de caza sirve para disfrutar de la naturaleza y de la compañía de amigos y familiares.

 

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Inma Teruel

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