Una comunidad autónoma como Castilla-La Mancha no se puede comprender sin el vino. Las viñas que cruzan todo el territorio de la región son incontables. Es muy complicado viajar por la comunidad sin encontrarse con un terreno de viñedos entre los 919 municipios que componen Castilla-La Mancha. Un hecho que se puede extrapolar hasta la provincia de Cuenca. La Manchuela, La Mancha, Ribera del Júcar y Uclés son las denominaciones de origen (D.O.) que se pueden encontrar en la provincia.

Pero, ¿qué es una denominación de origen? Son productos que tienen un origen en un lugar determinado, que puede ser extenso para nuestra región como la D.O. La Mancha o más reducido como la D.O. Uclés. Un producto de calidad cuyas características se deben fundamentalmente a un medio geográfico particular. Además, todos los pasos o fases en la producción se deben realizar exclusivamente en el territorio definido por esas características. Si la D.O. tiene una antigüedad mínima de diez años y cumple unas normas mucho más estrictas puede obtener el distintivo de denominación de origen calificada (D.O.Ca.).

A pesar de ello, este no es el sello de mayor calidad. El vino de pago responde a una zona rural con unas características climatológicas y/o edáficas (referentes al suelo) diferentes a su entorno. Los vinos de esta calidad se producen en las fincas que limitan esa zona, cuya extensión y producción están circunscritas a su comunidad autónoma. Si además el pago en su totalidad se encuentra dentro del área geográfica de una denominación de origen y cumple su normativa, se calificará como vino de pago calificado.

En Castilla-La Mancha existen nueve denominaciones de origen vitivinícolas y ocho vinos de pago. La D.O. La Mancha y la D.O. Valdepeñas son las dos más conocidas de la región. La D.O. Jumilla supera en extensión a la de Valdepeñas, pero tiene una excepción particular: comparte territorio con esta localidad de Murcia. En cuanto a pagos vitícolas se reparten por toda la geografía castellanomanchega. Tan solo uno se localiza en la provincia de Cuenca. El Vino de Pago Calzadilla se enmarca en 20 hectáreas en el municipio de Huete.

A pesar de ello, España no se podría calificar como una cultura vinícola. Nuestro Estado tiene la mayor superficie de viñedo en todo el mundo mientras que Castilla-La Mancha constituye casi la mitad. España posee alrededor de 950.000 ha mientras que la tierra de Don Quijote tiene alrededor de 480.000 ha, extensión que ha ido menguando por las diferentes reformas de la Política Agraria Común (PAC) vitivinícola. Pero el consumo de vino en España y en nuestra tierra es pobre para el tercer mayor productor de vino del globo terráqueo.

En Castilla-La Mancha existen nueve denominaciones de origen vitivinícolas y ocho vinos de pago, y nuestra región constituye casi la mitad de la superficie de viñedo nacional. Aun así, la nuestra no podría calificarse como una cultura vinícola

Según un informe de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), el consumo de vino en España se encuentra en 19,9 litros por persona. Un cantidad que se reduce en nuestro territorio hasta el menor consumo por cabeza del territorio nacional. Los otros dos grandes países vitivinícolas como son Francia e Italia doblan el consumo: 47,7 litros por persona y 37,1 litros por persona respectivamente. Un curva que describe el informe descendente en estos tres países desde 2000 hasta 2012.

España es el tercer mayor productor de vino por detrás de Italia y de Francia, según el informe de la OIV en colaboración con el Comité Interprofesional de los Vinos de Provenza (CIVP). Las previsiones sitúan al país ibérico en alrededor de 36,6 millones de hl mientras que italianos y franceses estarían por encima de los 45 millones. A pesar de una menor producción, España exporta más vino que sus competidores europeos, también debido a la sobreproducción de la campaña 2013/2014. El problema del vino español que es no tiene la misma competitividad que el italiano y el francés. La media mundial se situó en 2,46 euros por litro el año pasado, pero el precio de los caldos españoles se estableció en 1,1 euros por litro a diferencia de la media de 5,37 de los franceses y los 2,5 de los italianos. Pero la situación es más dramática en Castilla-La Mancha que vende sus vinos a 0,46 euros el litro.

España es, de entre los principales exportadores, el país con el precio de vino más bajo del mercado. // Elaboración propia mediante los datos obtenidos a partir del Observatorio Español del Mercado del Vino y de la Dirección Territorial de Comercio de CLM (ICEX)
España es, de entre los principales exportadores, el país con el precio de vino más bajo del mercado. // Elaboración propia mediante los datos obtenidos a partir del Observatorio Español del Mercado del Vino y de la Dirección Territorial de Comercio de CLM (ICEX)

Entonces, ¿por qué estos precios tan ínfimos? El principal problema que tiene el mercado español de vinos que es que no tiene la fama que pueden tener los vinos franceses. Pero la reducción de ese precio se debe al aumento de las exportaciones de vino a granel para evitar que se quede en la bodega. Los países que compran ese vino se aprovechan para comercializarlo con un precio mayor o utilizarlo para otros fines. Además, las cosechas siguen siendo demasiado abundantes en contraposición con la falta de buenos comerciales y redes de distribución de estos productos. Otras zonas como La Rioja han apostado reducir su producción para vender a mayor precio.

Pero no solo se venden vinos embotellados, es decir, listos para servir en la copa. La sobreproducción de la campaña de 2013/2014 ocasionó que cerca del 50% de las ventas exteriores de vino fuese a granel. Ese vino que se vende sin embotellar con un precio mucho más bajo (0,40 céntimos el litro). Una parte de esas exportaciones se usan en el exterior para producir alcohol de uso de boca. Ese vino se lleva hasta una alcoholera, que lo quema y lo destila. De ahí sale el alcohol de alta graduación que se usa en licores, brandis o coñacs. Y también se conserva una parte de la uva sin fermentar para consumir el zumo de la uva, es decir, el mosto.

Evolución de las exportaciones de vino manchegas en lo que llevamos de siglo. // Elaboración propia mediante los datos obtenidos a partir del Observatorio Español del Mercado del Vino y de la Dirección Territorial de Comercio de CLM (ICEX)
Evolución de las exportaciones de vino manchegas en lo que llevamos de siglo. // Elaboración propia mediante los datos obtenidos a partir del Observatorio Español del Mercado del Vino y de la Dirección Territorial de Comercio de CLM (ICEX)
La mirada de los expertos

Tras lo expuesto anteriormente, llegamos a la conclusión de que el problema tanto de nuestra región como de nuestro país es de tipo estratégico, metodológico. Los expertos coinciden en que La Mancha y España producen vino de buena calidad, pero a la hora de ponerlo en el escaparate internacional no somos brillantes debido, principalmente, a la falta de buenos comerciales, a las deficientes redes de distribución y a la insuficiente capacidad para el embotellado.

Esas carencias son inteligentemente aprovechadas por los principales países importadores de nuestros caldos, como Francia, Italia o Portugal, que se llevan nuestro vino a granel y lo embotellan, lo convierten en alcohol o lo mezclan con vinos propios. Finalmente, el caché del vino de dichos países hace el resto para que el precio se dispare en el mercado.

El conocido periodista de RTVCM, Jorge Jaramillo, achaca la falta de competitividad a una decadente cultura del vino en España. Jaramillo argumenta: “En España, en este momento, el consumo de vino ronda los 17 litros por persona cada año. Es la cifra más baja de toda la historia de nuestro país. Mientras no haya un consumo interno aquí habrá que vender fuera. En Francia, por ejemplo, el consumo de vino es mucho más alto. Se trata de una cuestión cultural pero también estructural”. Asimismo, Jaramillo añade: “Pero cuando salimos a vender fuera nos encontramos con otros competidores nuestros, por lo que es complicado mantenerse arriba. ¿Qué hace ahora mismo nuestro país? Pues vender más barato para hacerse un hueco debido a que la fama de vinos de prestigio (‘châteaus’, vino de Burdeos…) la tiene Francia, que es un país muy vitícola y con abundantes denominaciones de origen”. No obstante, para concluir, Jorge Jaramillo lanza un halo de esperanza: “Debido a que las nuevas generaciones optan por combinados diferentes al vino, el gran reto del sector es levantar el consumo, y para ello está trabajando ahora mismo una organización interprofesional que, en resumen, es la suma de cooperativas, bodegas, productores… que se han unido para lanzar campañas de consumo para intentar atraer al público joven y también a las mujeres, que suelen beber poco vino, y así intentar levantar la situación”.

Por su parte, Juancho Villahermosa es gerente de la Denominación de Origen Ribera del Júcar. Cuando le pedimos que valore la situación cultural del vino de nuestra región, Villahermosa se muestra contundente: “Castilla-La Mancha es la paradoja de las paradojas. Tenemos la mitad de viñedo de España y si fuésemos un país seríamos el cuarto o quinto productor del mundo. Es sangrante esa sensación de poco consumo de vino. De Madrid hacia arriba y en Andalucía sí que hay una cultura del vino espectacular”. El gerente prosigue con su descontento así: “Castilla-La Mancha es un verdadero desastre. Es un problema social. No es asunto de las administraciones, sino de los profesionales. Cuando hablo de cultura del vino, no quiero decir que todos los camareros o sumilleres sean biólogos moleculares. Hablo de tener un poco de conciencia de lo que estás sirviendo. Es intolerable que en un bar te pongan una botella de vino a 30 grados o una botella abierta”. Igualmente, Juancho apunta: “Los propios corporativistas cuando van al bar tienen que ser los primeros arietes para que la gente le tenga más respeto y consideración al vino. También las escuelas de restauración juegan un papel crucial”.

“Si no hay una hoja de ruta definida en la que todos los actores de esta gran obra de teatro se encuentren en armonía, coordinados y hermanados, el sector no tendrá futuro”

Adicionalmente, Villahermosa insta al sector a dar un paso al frente y a hacerlo con inteligencia: “Es una época crucial para tomar decisiones y realmente saber qué es lo que queremos hacer con el sector vitivinícola de Castilla-La Mancha. Si no se toman decisiones, no hay una hoja de ruta definida en la que todos los actores de esta gran obra de teatro (viticultores, cooperativas, organizaciones agrarias, bodegas, etc.) estén armonizados, coordinados y hermanados, por lo que el sector no tendrá futuro”.

Aparte de fomentar un mejor trato del vino, el gerente de la DO Ribera del Júcar señala otras posibles soluciones: “Se debería zonificar mucho más la distribución de las denominaciones de origen. Hay dos bloques que puedan representar a los vinos con DO: La Mancha y Valdepeñas. Creo francamente que eso es un error. Por ejemplo, dentro de las 260.000 hectáreas de la DO La Mancha podrían caber otras designaciones. El terreno de Campillo de Altobuey no tiene nada que ver con el de La Solana, o la pluviometría de La Roda no tiene nada que ver con la de Mora o Ambroca, por lo que agruparlas en la misma DO es un error”. Seguidamente, Villahermosa argumenta: “Diversificando más lograríamos quitarnos el sambenito de que los vinos de La Mancha son vinos baratos y demostrar al público que sí que hay otras zonas en la región donde se elaboran unos vinos de calidad diferentes. En la diversidad estaría el éxito de nuestro vino. Debería haber muchos más pagos vitivinícolas porque hay bodegas excepcionales que están haciendo cosas muy interesantes. Las megadenominaciones de origen no son el camino para hacer saber al consumidor que en nuestra región hacemos cosas excepcionales”. “El éxito estaría en zonificar y diversificar”, concluye Juancho.

Caldos de la Finca La Estacada, perteneciente a la Denominación de Origen Uclés. // Fuente: Creative Commons
Caldos de la Finca La Estacada, perteneciente a la Denominación de Origen Uclés. // Fuente: Creative Commons

Por otro lado, David Moreno es enólogo y director técnico de la Finca La Estacada, perteneciente a la DO Uclés. David se muestra rotundo al evaluar la industria vitivinícola manchega: “Somos una región que no defendemos particularmente lo nuestro. No creemos en ello”. El enólogo coincide con Villahermosa y Jaramillo al hablar de la carente cultura del vino en nuestra tierra y nos ofrece su punta de vista particular: “Falta cultura de beber vino pero también de leer libros, de ver películas y teatro. Parece que la gente está a gusto siendo cateta. Somos los más tontos de Europa porque en países que no tienen viñedo se beben nuestro vino y aquí que tenemos buenas viñas no lo disfrutamos”.

“Zonificando y diversificando más las DO lograríamos quitarnos el sambenito de que los vinos de La Mancha son vinos baratos y demostrar al público que hay otras zonas de la región donde se elaboran vinos de calidad diferentes”

“Nos falta identidad propia. En los pueblos pequeños de Francia, por ejemplo, tienen su identidad y consumen sus propios productos sin necesidad de traerlos del pueblo de al lado. Defienden sus cosas”, explica Moreno. Asimismo, nuestro entrevistado señala problemas de índole sistemático: “Quitando cuatro cooperativas punteras en La Mancha, las demás hacen mal vino porque no tienen técnicos. ¿Por qué? Porque la situación está en manos de agricultores y no de profesionales. El presidente es el que más tierras tiene y a los cuatro años se cambia al segundo que más tierras reúne. Y ahí existe un vicio de corrupción en cuanto a comisiones en compras, ventas, etc. Es la ruina. No quieren a un gerente que cuesta 5.000 euros al mes para que te venda el vino ni a un enólogo que cuesta otros 5.000 para que te haga buen vino. No tienen miras de industria. Cultivan la uva, la vendimian, la llevan a la bodega y en cuanto la depositan en la tolva piensan que su problema está solucionado”. Para concluir, David Moreno insiste: “Aquí no hay enólogos ni gerentes en las bodegas. ¿Para qué les vas a pagar un sueldo digno si su trabajo puede hacértelo un ordenador o puedes irte a Holanda 15 días a vender tu vino? O incluso puedes vendérselo al primer alemán que te llame sin saber su precio justo porque no estás al tanto del mundo del vino. Las bodegas cooperativas de La Mancha no están en manos de profesionales, sino en manos de tontos”.

En conclusión, la sensación que genera esta situación es que es en el exterior donde se aprovecha el potencial de la industria vitivinícola castellano-manchega. Nuestra región es incapaz de percibir beneficios acordes a la calidad del producto que elabora. Esas ganancias van a parar a países cuyas estrategias de negocio están a años luz de las de España y, sobre todo, de Castilla-La Mancha. La pelota está en nuestro tejado. Tenemos que decidir si queremos dar un paso al frente y tratar a uno de nuestros productos estrella como realmente se merece, empapándonos de su cultura y haciendo ver al mundo que sabemos apreciar y manejar el buen vino. De momento no estamos a la altura de una tradición tan identificativa para nosotros, por lo que debemos decidir si queremos seguir siendo el hazmerreír del panorama vitícola mundial o pretendemos espabilar y empezar a aprovechar una tarea que, desde siempre, se nos ha dado muy bien.

 

Reportaje realizado por Pedro M. Peralta y Julio A. Lázaro.

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