Como un desafío. Así es como surgió el Ironman, la prueba más dura de triatlón. Esta disciplina que se basa en nadar 3,86 kilómetros, hacer 180 kilómetros de bicicleta y 42,4 kilómetros de carrera, tiene su origen en una apuesta entre marines que querían saber cuál de las competiciones que había en Hawai era la más complicada: la travesía a nado de la bahía de Waikiki, la vuelta ciclista a Ohau o la prueba de maratón. El infante de marina, John Collins, encontró la solución a la ausencia de consenso uniendo estas tres pruebas en un solo reto. En 1978 tuvo lugar el primer Ironman del mundo, el Ironman de Hawái.

Numerosos triatletas de todas las partes del mundo se han visto atraídos por esta prueba de superación física, y en una gran parte, también psicológica. No obstante, solo algunos logran acabarla y convertirse, como su propio nombre indica, en verdaderos “hombres de hierro”. Las claves para terminar un Ironman se pueden resumir en constancia, esfuerzo y mucha suerte. Tres claves que, cuatro hombres con diferentes visiones sobre la competición, tuvieron presentes. Carlos, Adolfo, Ángel y Pepe, nos cuentan cómo es la experiencia de participar y ser finisher en un Ironman.
Carlos Fernández, impulsor del triatlón en Cuenca

Carlos, traumatólogo del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca, no solo fue de los primeros conquenses en participar en una Ironman sino que, junto con otros cinco fundó el primer club de triatlón de la ciudad, el Club Ttiatlón Hoces de Cuenca. Esta idea, como nos cuenta Carlos, surgió de casualidad: “Un día estando en el club de tenis Miguel Saéz, un amigo con el que solía entrenar, me propuso participar en el primer triatlón de Cuenca. Lo hice y lo disfruté mucho. Y a partir de ahí surgió la idea de crear un club de triatlón en Cuenca”.

Tal era la implicación de este especialista en traumatología por el triatlón que quiso cumplir el sueño de cualquier triatleta, competir en un Ironman. El de Lanzarote fue el elegido pero antes de ello probó suerte en el, por aquel entonces, triatlón de larga distancia de Niza,en Francia. En ese momento, hablamos del año 1994, Carlos era el presidente del club, algo que le permitió poder competir en Niza. “Aquí sí que pedían una prueba grande con un tiempo mínimo. Pero como había organizado un club, había organizado pruebas, había participado en varias y argumenté que estaba metido de lleno en el triatlón, me aceptaron sin tener tiempos”, nos confesaba.

Tras esto, llegó el día esperado, en el que, junto a otro de los fundadores del club, Pedro Rodríguez, se convirtió en uno de los primeros conquenses en afrontar el gran reto de todo triatleta, ser todo un iron man. Aunque para ello, según Carlos, “no se necesitan grandes condiciones físicas. Lo que se necesita es tesón, rutina de alimentación y de entrenamiento. En definitiva mucho volumen de entrenamiento”. Carlos lo sabía, llevaba un equipo de ciclistas, hacía deporte de continuo y acudía asiduamente a congresos de medicina deportiva, por lo que no le resultó difícil acostumbrar su cuerpo a ello. En cuanto a la alimentación, la patata y la zanahoria fueron sus aliadas. Respecto al entrenamiento físico, nos cuenta que no le hizo falta un preparador, ya que “hacía test incrementales para ver el lactato a los chicos del equipo de ciclismo, hacia pruebas que hacían en al Once con un cardiólogo del hospital, para descartar patologías del corazón. Estaba preparado”.

No obstante, a pesar de estar tan preparado su objetivo no era clasificarse para el Ironman hawaiano, su meta era terminar y disfrutar de lo vivido. “Visto como yo lo hacía, sin la obsesión de competir, el Ironman se convierte en un desafío personal. Fue una experiencia muy bonita porque lo hacías tú solo, lo que aportaba ese matiz de aventura que ahora se ha perdido. Antes si se te pinchaba una rueda nadie te ayudaba, te la tenías que cambiar tú solo”, nos señalaba el traumatólogo. Pero sin duda lo que más recuerda este veterano “hombre de hierro” es el apoyo de la gente. “Esta competición te permite dejar de ser el espectador para convertirte el protagonista. Es curioso cómo influye la mente. Al llegar a la meta yo llegaba sin gasolina y con calambres a causa de una diarrea. Pero al ver que la gente me aplaudía, me daba la mano, me apoyaba como si fuera Induráin,corrí los últimos 500 metros como si acabara de empezar. Con una energía increíble”.

Adolfo, un aventurero con hambre de retos

Peluquero de profesión pero con alma de héroe. Así es Adolfo, un conquense que a pesar de haberse enmarcado en numerosas aventuras como atravesar Estados Unidos en bici o haber practicado espeleobuceo, quiso más. Por eso, decidió participar este año en el Ironman de Lanzarote, con el mismo objetivo que tuvo Carlos en su momento, terminarlo y poder disfrutarlo.

Adolfo a la llegada a la meta en el Ironman de Lanzarote / Fuente: Adolfo
Adolfo a la llegada a la meta en el Ironman de Lanzarote / Fuente: Adolfo

Seis meses estuvo preparándose para plantarle cara a este enorme desafío. “Realmente muy poco tiempo teniendo en cuenta que yo trabajo muchas horas por mi profesión. El horario de mi trabajo me obligaba a salir por las mañanas muy pronto a eso de las 6 de la mañana, luego al medio día y, por último, por las noches me iba a entrenar tardísimo. De hecho he llegado a hacer distancias de 20 kilómetros a las 12 de la noche con un frontal en la cabeza”, nos apuntaba Adolfo. Su entrenamiento físico fue supervisado por un entrenador personal, “algo fundamental” a ojos de Adolfo. Sin embargo, la alimentación corrió por su cuenta, ya que “más o menos todos sabemos lo que nos va bien o mal, otra cosa es la fuerza de voluntad para llevar a cabo una buena alimentación”.

Adolfo consiguió su objetivo, terminó y disfrutó de la experiencia. “La sensación de acabar un Ironman es algo indescriptible, se te pasan muchas cosas por la cabeza. En los últimos 200 metros antes de entrar a meta se te ponen los pelos de punta”, nos decía emocionado Adolfo. Tal ha sido la mella que dejó la emoción del tramo final de la prueba que se plantea participar en alguno más. “Una vez que te metes en esto no quedas indiferente. Y aunque el esfuerzo es tremendo esos últimos metros de los que hablaba te recompensa todo”, nos despedía nuestro segundo “hombre de hierro”.

Ángel, uno de los primeros conquenses en ir al Campeonato del Mundo

Lo que hizo Ángel es lo que se suele conocer como “llegar y besar el Santo”. Ningún triatlón hecho antes, ni siquiera había corrido una maratón previamente. La distancia más larga que había hecho este enfermero eran medias maratones. Para él, el Ironman se convertía en un reto aún mayor si cabe. Un reto que superó con creces en 2011 junto a otro triatleta conquense,Julián Carretero. Ambos, consiguieron clasificarse para el Campeonato del Mundo que tiene lugar en Hawái, siendo así los primeros conquenses en participar en esta prueba. “Yo tenía más miedo y respeto que Julián, mi primer objetivo era acabarlo”, nos admitía el triatleta conquense.

Ángel Herráiz en el Ironman de Hawái 2011 / Fuente: Ángel Herráiz
Ángel Herráiz en el Ironman de Hawái 2011 / Fuente: Ángel Herráiz

Un largo año estuvo entrenando para el Ironman de Niza que le abriría las puertas para ir a Hawái. Julián Carretero, fue su máximo apoyo. “A Julián Carretero le debo el 50% porque él sí tenía más experiencia y me propuso entrenar juntos. Él además es muy constante. Daba igual que lloviera o tronara. Solo hubo un día en el que nos saltamos un entrenamiento”, confesaba Ángel. No obstante, el deporte siempre ha estado presente en su vida ya que, como nos señalaba, “afianzar el cuerpo y tener una dinámica de entrenamientos para hacer esto no lo coges en un año. Esto no es de un día para otro”. No obstante, fue un año duro. “Ha habido días que hemos acabado con el cuerpo destrozado y eso yo creo que fue un error porque también hay que escuchar al cuerpo. Lo difícil es encontrar el punto medio, ya que a veces esa es la clave del éxito”, sostiene Ángel.

Error o no, lo cierto es que este conquense consiguió algo que no pudo ni imaginar hasta que terminó la prueba. Ángel describe el Ironman como una montaña rusa de sentimientos que se suceden y contradicen a lo largo de la competición ya que “es una sensación de incertidumbre constante la que se siente. No sabes que va a pasar hasta el final. Parece mentira, pero las 9 horas se te hacen cortas”. Pero tras esas horas de incertidumbre llegó a la meta donde su familia le esperaba con gran emoción. Ahí vio a su hermana, que Ángel la describe como su «mayor fan», y su novia, que aunque es más calmada estaba también muy emocionada. “Al cruzar la meta hubo un primer momento de subidón, en el que lloramos todo el mundo pero aun no sabíamos si me había clasificado o no”, recuerda el triatleta . Un hecho, este último, que según este iron man mitigó un poco las sensaciones: “Me enteré de que me había clasificado una media hora más tarde en unas carpas donde te dan unos masajes. Habría sido más emocionante que me lo hubieran dicho cuando llegué a meta y así poder compartirlo con mi familia”.

Y es que, si algo puede criticar este «hombre de hierro» conquense de este tipo de disciplinas individuales es la soledad. “Hay una cosa que echo en falta y que es algo que sí tienen deportes de equipo como el fútbol y es el hecho de compartir la victoria. Cuando ganas un partido el sentimiento ese de grupo, de celebrarlo todos juntos, aquí no se tiene. Cuando, por ejemplo, ganas una carrera se te queda una sensación de soledad. Si puedes compartirlo es mucho mejor”, apuntaba Ángel.

Ángel Herráiz y Julián Carretero en Hawái / Fuente: Ángel Herráiz
Ángel Herráiz y Julián Carretero en Hawái / Fuente: Ángel Herráiz

No obstante, apoyo no le faltó. Ni a él ni a su compañero de fatigas Julián Carretero. Con la clasificación no estaba todo hecho. Ir a Hawai no era gratis y necesitaban conseguir dinero para el viaje, la estancia y la inscripción. “Tuvimos que hacer todo un marketing para poder ir porque es muy caro ir a Hawái”, nos contaba Ángel. Algo que tuvo un gran éxito ya que lograron cubrir los gastos de al menos el viaje.

Costó, tanto físicamente como económicamente. Pero lo lograron. Ángel Herráiz y Julián Carretero son los primeros conquenses en participar en el Campeonato del Mundo de Ironman. Los primeros triatletas populares de Cuenca que sintieron en sus carnes el apoyo de los ciudadanos hawaianos. “En Hawái te tratan como un héroe y eso te gusta”, nos contaba. Aunque, sin embargo, esto no se le ha subido a la cabeza a nuestro tercer «hombre de hierro»: “Al final tampoco hay que creértelo demasiado. Cuando me dicen que somos los primeros de Cuenca en haber ido Hawái yo pienso, bueno, que esto tampoco es Nueva york”, señalaba entre risas.

Pepe, un ejemplo de perseverancia

Con nuestro último «hombre de hierro» descubrimos el Ironman como forma de vida. Un tropiezo fue lo que le hizo a Pepe Miota luchar aun con más ganas para conseguir clasificarse para el mundial de Hawái. El 2011, en el Ironman de Frankfurt quedaba a menos de de minuto y medio de la clasificación para Hawái. «Costó digerir aquello, porque aunque nunca me creí capaz de tener tan cerca ese sueño, lo llegué a tocar con los dedos y se me escapó por un puñado de segundos», recordaba el triatleta.

Un año y medio dedicó Pepe a preparar el Ironman de Lanzarote de este mismo año. “Parece mucho tiempo, pero no es tanto cuando lo que se quiere es prepararlo con el respeto y dedicación que requiere”, afirmaba Pepe. Y es que, a diferencia de los otros tres “hombres de hierro” su objetivo no era solo acabarlo, eso ya lo había hecho antes. Su sueño era clasificarse. Y tan interiorizado lo tenía este triatleta popular, que no dudó en irse a vivir 4 meses al lugar donde se decidiría todo, a la isla de Lanzarote, tras haber reunido el dinero suficiente trabajando como fisioterapeuta fuera de España. Su entrenamiento estuvo supervisado en todo momento por Ramón, su entrenador, que “planificó meticulosamente todo para afrontar la competición con garantías”, nos contaba Pepe.

Pepe Miota en el Mundial de Hawái / Fuente: Pepe Miota
Pepe Miota en el Mundial de Hawái / Fuente: Pepe Miota

Y llegó el día esperado para Pepe durante año y medio. Únicamente había plazas para 4 de los 320 participantes que formaban su grupo, y la cuarta fue suya. “Pregunté si era oficial o provisional. No quería hacerme ilusiones. No quería llevarme un chasco”, admite Pepe, que en esos momentos solo pensaba en compartirlo con su gente, la que tanto le había apoyado durante todo ese tiempo.

A grito de: “¡Guay, Guay, Guay, nos vamos a Hawái!”, Pepe nos cuenta que pagó su plaza para el Campeonato del Mundo rodeado de sus familiares y amigos. Tras esto solo quedaba disfrutar del sueño que se materializó el pasado mes de octubre. “Participar en el Ironman por excelencia fue culminar un sueño. Es algo muy especial. He seguido muchos años esa carrera por internet, al otro lado del mundo. Y este año fui yo el que estaba en aquellas aguas, en aquellas carreteras, en aquella isla magnética. Se siente una satisfacción enorme y una gratitud más grande si cabe”, asegura el triatleta conquense.

Constancia, esfuerzo y mucha suerte. Constancia para poder si quiera intentarlo. Esfuerzo, porque el propio nombre de la prueba ya asusta. Y mucha suerte. Ya que un pinchazo, unos calambres, una parada antes de tiempo o unos simples segundos, pueden alejarte de tu sueño. Puede que estos cuatro hombres no sean deportistas de élite, pero no cabe ninguna duda de que pueden presumir de ser verdaderos “hombres de hierro”. Porque como sostiene nuestro triátleta más veterano, «en este deporte gana el que mejor se ha preparado, el que mejor ha entrenado y el que más vale. No gana el más conocido».

Ironman Hawái 2011 / Fuente: Ángel Herráiz
Ironman Hawái 2011 / Fuente: Ángel Herráiz

 

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