El poeta decía «aunque los pasos toquen mil años este sitio,” “no borrarán la sangre de los que aquí cayeron.” Falta menos de un mes para saber si el chileno murió víctima de un envenenamiento.

Un 23 de septiembre de 1973, un cáncer de próstata nos dejaba sin el premio Nobel chileno. Ésta era la versión oficial, hasta que hace dos años, el chófer del poeta, Manuel Araya, denunciaba que Pablo Neruda recibió una inyección letal en el hospital donde estaba internado.

Falta poco para conocer si el poeta murió a consecuencia de su enfermedad o si, como denuncia su chófer y sospecha el Partido Comunista, al cual pertenecía el autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, fue asesinado por órdenes del régimen del general Augusto Pinochet.Los restos del Nobel de Literatura, que yacían junto a los de su mujer, Matilde Urrutia, en su casa de Isla Negra, una localidad del litoral de Chile, fueron exhumados el pasado mes de abril por orden del juez Mario Carroza que investiga la querella de homicidio presentada por el Partido Comunista Chileno.

Según informa EFE, en la exhumación participan un equipo del Servicio Médico Legal (SML), un grupo forense argentino, peritos españoles y observadores del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Como afirmaba el poeta “aunque los pasos toquen mil años este sitio,” “no borrarán la sangre de los que aquí cayeron.” “La lluvia empapará las piedras de la plaza,” “pero no apagará vuestros nombres de fuego.” “Mil noches caerán con sus alas oscuras,” “sin destruir el día que esperan estos muertos.” “Un día de justicia conquistada en la lucha,” “y vosotros, hermanos caídos, en silencio,” “estaréis con nosotros en ese vasto día” “de la lucha final, en ese día inmenso.”

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Benito Díaz

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