La formación de niños y jóvenes es fundamental para su desarrollo, sin embargo el abandono escolar está muy presente hoy día y desde hace muchos años. Hace medio siglo la escolarización primaria ya era un objetivo de carácter universal, pero a nadie le extrañaba que miles de alumnos dejaran sus estudios para incorporarse a la actividad económica, particularmente si se trataba de las tareas domésticas las mujeres, o del trabajo agrario e industrial los hombres. Pero a medida que la sociedad avanza y evoluciona, se ha tomado conciencia de la importancia de una buena formación.

El abandono escolar es una inquietud compartida por muchos países, y es por ello que lograr la enseñanza primaria universal es uno de los ocho objetivos del milenio que se pretenden lograr para 2015.

Nuestro país no es ajeno a esta inquietud. Conocer la realidad de la escolarización nos ayudará a entender mejor algunos de los problemas que parecen haberse enquistado dentro de nuestro sistema educativo y, en primer lugar, el del alto índice de fracaso escolar. Los últimos estudios del curso 2006/2007 realizados por el Gobierno de Educación, reflejan que en España se escolariza un 98,2% del total de niños en edad de hacerlo, y que un 83,9% de éstos terminan sus estudios de Educación Primaria a los 12 años, siendo siempre superior el abandono de niños que de niñas. Nos encontramos con un 16% de alumnos que no terminan la enseñanza primaria, y con 1,8% de niños que ni siquiera se escolarizan, cifras que han descendido respecto a años anteriores. En la actualidad, la cifra de escolarización se mantiene, pero el abandono escolar se ha disparado. Así lo recogía en septiembre de 2010 la Agencia de Infancia 2010-2020 Save the children, mostrando que el porcentaje de abandono escolar en España se sitúa en un 31,2%, más del doble de la media europea.

¿Por qué ocurre esto? La generalización de la enseñanza se ha vuelto una tarea compleja: aunque las dificultades se manifiestan sobre todo en las clases populares, también se encuentran en buena medida y cada vez más, en las clases medias. Esto ocurre generalmente, no por la necesidad de incorporarse a la vida laboral para obtener capital, sino por múltiples factores como el contexto social, la familia, el funcionamiento del sistema educativo, el trabajo de cada profesor y la disposición del propio alumno. Éste es una víctima del derrumbe de una estructura social que produce unos desequilibrios graves, y de un sistema escolar que se muestra incapaz de que el 100% de los jóvenes alcancen los objetivos de la educación obligatoria. Así es como el fracaso escolar ha pasado de ser un sobreentendido aceptado por todos a un motivo de alarma social.

Por otro lado, que las chicas tienen más éxito que los chicos en el sistema educativo es un hecho, pero los motivos no están completamente claros. Lo más lógico es asumir que el desarrollo durante la pubertad favorece el mantenimiento de la disciplina, la atención y el orden de trabajo entre las chicas en mucha mayor medida que entre los chicos, como afirma Judith Rich Harris en su libro El Mito de la Educación. También el mayor éxito en ellas se puede atribuir a la maduración más temprana, y a los procesos de socialización en roles diferentes, con conductas generalmente menos conflictivas que los chicos.

La Educación Primaria se trata de una etapa que, por definición, superarán todos los alumnos. Sin embargo, en ella empiezan a manifestarse los primeros indicadores del fracaso, entre ellos la repetición de curso y el retraso. El último se suele producir por repetición, aunque puede tener su origen también en la escolarización tardía o en una interrupción de los estudios debida a causas no escolares. Un alumno que lleva retraso en primaria difícilmente lo recuperará en secundaria, y seguramente tendrá más probabilidades de acumular nuevos retrasos en esta etapa, llegando a abandonar definitivamente sus estudios. El porcentaje de alumnos que repite algún curso en primaria se sitúa sobre el 6%.

¿Qué ocurre con estos alumnos que optan por abandonar sus estudios? La posibilidad de reincorporarse a la formación académica en el futuro se verá cada vez más reducida y teniendo menor formación, encontrarán obstáculos a la hora de obtener un empleo. Pero además, hoy día está muy presente la famosa “generación nini”, adolescentes que se niegan a estudiar o trabajar por simple vaguería.

Para detener este tipo de generación, sería preciso abordar la formación de los niños desde la Educación Primaria. Visto que el abandono escolar no hace otra cosa más que aumentar, cabe preguntarse qué medidas se están tomando para lograr la enseñanza universal y cuestionar la eficacia de éstas.

Las soluciones del Gobierno para combatir este problema son las típicas y ya conocidas: atender el progreso académico y social de los niños, desarrollar un ambiente escolar positivo con directores y personal efectivo, establecer expectativas altas en las áreas de asistencia, aprovechamiento académico y disciplina, seleccionar y adiestrar maestros receptivos a las necesidades del estudiante en riesgo, etc. Sin embargo, estas medidas no consiguen el éxito esperado. Hoy la escuela se halla ante el reto de dar respuesta a las exigencias de un mundo globalizado, muy competitivo, y altamente cambiante. Un entorno muy distinto del de hace varias décadas. Combatir el fracaso y abandono escolar es uno de los desafíos más serios de nuestro sistema educativo.

El medio familiar en que nace y crece un niño determina unas características económicas y culturales que pueden limitar o favorecer su desarrollo personal y educativo. En edades tan tempranas como son de los 6 a los 12 años (edad de Educación Primaria), los padres deben ser constantes con sus hijos, recompensar su esfuerzo, crear hábitos de estudios, y sobre todo medir sus tiempos de recreo, ocio, y entretenimiento. Un niño acostumbrado a ver la televisión, utilizar el ordenador, y jugar a videojuegos cuando quiera, encontrará ahí su entretenimiento y aprendizaje en lugar de la escuela y los libros. También es muy influyente la tradición y alfabetización familiar. Un niño que nace en un hogar descuidado, con difícil acceso a la escuela, y padres poco alfabetizados, tendrá mayor probabilidad de abandonar sus estudios en caso de haberlos empezado, como suele ocurrir sobre todo en los barrios menos favorecidos. La facilitación de centros escolares en estas zonas es clave para evitar la exclusión social de estas familias y el estancamiento cultural de los más pequeños.

El otro aspecto fundamental es el sistema educativo. El abandono de los estudios suele ir en muchos casos de la mano del fracaso del sistema educativo. Los colegios son responsables en la misma medida que los padres del desarrollo de los niños, ya que éstos pasan gran parte de su tiempo en las aulas. Reforzar los departamentos de orientación sería una medida eficaz, para que los niños puedan tener atención más personalizada. Además la interacción entre profesores y padres es otro punto clave, ya que ambos son los responsables de la educación de los niños. Reforzar esta comunicación con mayor frecuencia mantendría el conocimiento de las situaciones escolares y familiares de ambos responsables.

El caso es que o los padres no son conscientes de este problema cada vez más presente, o las medidas abordadas no son adecuadas ni suficientes. ¿Cuántos niños tienen que abandonar sus estudios para que realmente se planteen soluciones eficaces?

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