Existe en la vida un elemento intangible pero que hay que mimar, un símbolo que nos define como especie, un obsequio que no todos valoran: la palabra. Sin embargo, a veces nos encontramos con seres que no solo cumplen los requisitos anteriores, sino que hacen de la palabra un arte digno de ver.

Soy mediterráneo y me dedico a contar historias… Esta es la carta de presentación de Félix Albo allá donde va. Pero, ¿quién es Félix Albo?
Félix es un orador, un hombre que cuenta historias desde hace veinte años. No solo teatros y bibliotecas del territorio nacional han sido testigos de su talento, sino que también han abierto las puertas a su paso festivales internacionales en Argelia, Bolivia, Colombia, Francia, Italia, Marruecos, México y Venezuela. Quizás tanto éxito y renombre han ido de la mano de una mente con ideas claras. “¿Cómo contar? Como sois”, sentenciaba. Un currículum profesional que descubre una vida que predica con el ejemplo. La naturalidad y el matiz espontáneo son virtudes irrefutables en el trabajo de Félix.

Para ser cómplices de su tarea solo es necesaria una cualidad: la escucha. Aunque a priori pueda parecer algo accesible a todos y cada uno de nosotros, pensándolo bien y observando el día a día, la realidad nos contradice.

El pasado 2 de octubre, con motivo de D’Palabra Festival, el Teatro Auditorio acogía, de forma gratuita, la charla El Cuento en Casa, un encuentro destinado a padres y docentes. Félix sintetizó en una palabra la esencia de esa tarde de nubes en Cuenca: tiempo. El artista destacó la necesidad de detener nuestro cotidiano, nuestro universo, para centrarnos en los más pequeños, que no piden nada más.

Para el orador el hábito se genera eligiendo buenos cuentos y no ha de existir objetivo pedagógico más allá del placer. “Cuéntame y yo te cuento también”, expresó Félix, en alusión al feedback que ha de crearse en toda comunicación; también entre adultos y niños.

A Félix, como buen orador, le apasionan los libros sin texto. Obras en las que creatividad e imaginación han de hacer el resto. Para él escritura e ilustración le merecen el mismo respeto.

Explicaba Félix que el primer camino que ha de seguir todo cuento ha de ser la seducción hacia el propio lector.

El artista lidera el taller Pipiripao, que aúna actividades que tratan de enseñar tareas plásticas a padres y madres. Son muchas las anécdotas que Félix vive continuamente en el taller, pero en Cuenca fueron dos las que seleccionó para ilustrar lo que simbolizan el cuento y las historias en la vida de un adulto. Un padre emocionado le reconocía a Félix no haber leído jamás con su hijo de 8 años. Una madre nostálgica le contaba cómo había vuelto a leer cuentos con su hija de 17 años; cuentos que esta vez van dirigidos a la pequeña de 7. Lo que significaba para esa madre el volver a leer un cuento con su hija adolescente es algo que Félix transmite a través de la palabra y las emociones que es capaz de crear.

Porque si algo consigue Félix cada vez que visita la ciudad de Cuenca es emocionar, inspirar y crear un sentimiento de armonía que hace que todo el que lo escuche marche a su casa esperando una próxima vez.

Como sentenció Félix, “contar cuentos contextualiza muchas conversaciones. Hace tiempo que no nos preguntamos por muchas cosas que hace falta que nos pregunten”.
El narrador advertía del peligro de usar los cuentos como panfletos, como medio para hacer sentir al niño culpable por algo que ha hecho mal a lo largo del día. “Dejad que el cuento trabaje por sí mismo”, afirmó.

Entre las obras que seleccionó para transmitir una idea mental de lo que ha de ser el cuento en la vida cotidiana, destacó por tocar temas como el aprendizaje primario, la mujer sobreexplotada o la muerte de una manera abierta y sencilla.
A la hora de buscar cuentos, Félix no recomienda recurrir a editoriales, puesto que él considera que el interés comercial de estas prima sobre el cultural.

La presencia de Félix en las redes también es notoria. En su blog Cuaderno de Viaje, Félix escribe y publica sobre los distintos lugares a los que acudirá. En el blog Biblioteca de los elefantes, comenta cada semana un álbum ilustrado.
A través de la página de Facebook y del perfil de Twitter del festival, Félix y sus compañeros han estado sorteando entradas para asistir al espectáculo, fomentando así la difusión de los distintos eventos programados para cada día.

Cuenca es una ciudad que acoge las visitas de Félix Albo como si de la vuelta del hijo pródigo se tratase. Solo en este 2014 ha visitado la ciudad tres veces: en mayo estuvo en el Teatro Auditorio con su espectáculo Pespuntes, formó parte de la programación de Veranos en Cuenca con su recital Apalabrándote y ha vuelto en otoño con D’Palabra Festival.

La responsable de gestión cultural del Teatro Auditorio de Cuenca, Almudena Sánchez, destacó el hecho de que la Fundación de Cultura Ciudad de Cuenca, no solo está compuesta por el Teatro Auditorio, sino que acoge bibliotecas municipales. La directora del Teatro, Consuelo García, es la concejala de Cultura en Cuenca. Todo esto explica las relaciones entre Félix y la ciudad y su constante desembarco cultural en la misma.
La cultura, la palabra hablada y escrita vivirán mientras lo hagan personas como Félix Albo. Profesionales que hacen de la palabra un medio para mostrar lo complejo y simple de la vida. Embajadores de la narración oral, pero también de la cultura en forma de libro. Pues como bien reconoce Félix Albo, “al fin y al cabo somos eso, guías de lectura”.

A continuación, aparece una lista de los cuentos con los que Félix Albo apoyó su charla:

Un bicho extraño, Mon Daporta
El libro de los cerdos, Anthony Brown
Los misterios del señor Burdick, Chris van allsburg
La fiesta de los colores
El principio, Paula Caballeira
Un libro
¡Mamá puso un huevo!, Babette Cole
¿Qué viene después del mil?, Annete Bley
La poesía. 44 poemas para leer con niños, Mar Benegas
Contar con los cuentos, Estrella Ortiz
El gato tragón

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