Lengua, no lenguaje. Así se define este conjunto de signos que al igual que el habla inglesa, alemana o castellana tienen una legislación que la regula. Según informa el Instituto Nacional de Estadística, en España la cifra de población sorda se encuentra en torno al millón de personas. En Castilla-La Mancha, el número asciende hasta 59.600 personas (dato del 2015) tal y como sostiene la Federación de Personas Sordas de la región (Fesormancha). El pasado 20 de Octubre, la Asociación Cultural Matadero comenzó un taller de Lengua de Signos que se celebrará todos los jueves hasta finales de curso escolar. El doble objetivo de la organización es una intención educativa y pedagógica así como una generación de actividades culturales para la ciudad de Toledo, asegura el presidente Amadeo Aranda. El taller de Lengua de Signos consiste en enseñar a los alumnos asistentes el habla mediante signos y comprender la difícil tarea a la que día a día se tienen que enfrentar las personas con discapacidad sonora. La encargada de impartir las clases es Virginia Hernández Alonso, intérprete de lengua de signos en Castilla-La Mancha.

En cambio, la lengua de signos no ha tenido un camino tan sencillo como el resto de lenguas habladas. No fue hasta el año 2007 cuando las personas sordas tuvieron una defensa legal tras ellos y, ¿cómo se regulaba antes? Virginia Hernández Alonso  asegura que las leyes que teníamos antes eran genéricas ya que no reconocían la lengua de signos pero sostenían que las personas sordas tenían derechos. De esta manera, todas las leyes sobre discapacidad sí que reconocían el derecho de las personas sordas a la comunicación, información y al conocimiento. Así mismo, al no existir dicha normativa, tampoco se reconocía la lengua de signos. El 23 de Octubre de ese mismo año, la Ley 27/2007 rigió que las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas viven en una sociedad formada mayoritariamente por personas oyentes por lo que, para su integración, deben superar las barreras existentes en la comunicación que son en apariencia, invisibles a los ojos de las personas sin discapacidad auditiva. La presente Ley intenta subsanar esta situación y propiciar su acceso a la información y a la comunicación.

Aunque la lengua de signos se reconociera oficialmente por el Estado en la época de José Luís Rodríguez Zapatero, la realidad es otra muy diferente. Actualmente las personas sordas tienen un amparo legislativo para defenderse como en el caso de pedir un intérprete en una escuela; pero esta normativa no se ha implementado cien por cien. Hernández Alonso afirma que la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) es el representante a nivel nacional de las personas sordas del país aglutinando a todas las federaciones autonómicas. Tras la creación de esta ley, desde la CNSE se creó también el Centro de Normalización Lingüística. Pero al final, son organismos oficiales que a nivel de la calle sigue encontrándose con las mismas barreras. Son una minoría aislada; tras mucha batalla y promoción, las diversas plataformas tuvieron que pelear para conseguir los servicios que hoy en día existen. Cuando comenzó el Servicio de Interpretación en 1988, ni siquiera había una formación; en septiembre de este año se inició el Grado Universitario de Lengua de Signos que parecía impensable hace doce años afirma Virginia.

Castilla-La Mancha, pionera en este área

En el caso de Castilla-La Mancha, la región es una de las comunidades autónomas que más ha impulsado la lucha y el asentamiento de la lengua para personas sordas. Ha sido muy pionera con el tema de la discapacidad en general y, fue una de las primeras regiones en incluir dentro de su Estatuto de Autonomía la Lengua de Signos asegura la intérprete. Virginia cataloga a la Mancha como el paraíso de la discapacidad  debido a que según ella siempre ha sido de las primeras en realizar reformas o normativas en favor de las personas con alguna discapacidad. De esta manera, cuando la Ley 27/2007 no estaba implantada a nivel estatal, en Castilla-La Mancha al igual que en otras regiones sí. En general, la discapacidad estaba mucho mejor atendida, tenía muchas más ayudas y más apoyo que en otras comunidades autónomas afirma.  No obstante, el periodo de crisis política que atravesó España también afectó a esta comunidad. Cuando llegó el Gobierno de Cospedal terminó de cargarse todo lo que quedaba y ahora lo estamos reconstruyendo poco a poco asegura Virginia. Según la intérprete, la época anterior a la presidencia de María Dolores de Cospedal, los intérpretes de Castilla-La Mancha estaban contratados a jornada completa. En la actualidad, estamos luchando por recuperar todo aquello que habíamos logrado antes del periodo de los recortes.

Uno de los impedimentos más importantes a los que una persona sorda se tiene que enfrentar en su día a día son el escaso número de intérpretes que hay (independientemente de los educativos). Por un lado, la función que cumplen estos profesionales resulta vital para la rutina de las personas con discapacidad auditiva; desde gestiones administrativas o cambiar la cita médica son acciones que tienen que realizar con un profesional gestual. La cantidad de intérpretes existentes en Castilla-La Mancha son escasos, pero son unos datos normales en comparación con el resto de comunidades autónomas. En la región castellano-manchega, apenas hay ocho intérpretes distribuidos en Toledo, Talavera, Illescas, Cuenca, Ciudad Real, Almansa y Albacete. En el resto del país, el número de intérpretes es relativamente parecido.  Por otro lado, la cantidad de intérpretes educativos en la región es de unos 30.

La estadística de intérpretes en Castilla-La Mancha al igual que en España deja mucho que desear. A pesar de las peticiones que se realizan desde Fesormancha para la contratación de más intérpretes, desde las instituciones gubernamentales reciben únicamente la subvención económica. Virginia Hernández asegura que la Federación tiene que hacer malabares para gestionar ese dinero y contratar a todos los intérpretes que necesita que, por supuesto, no se puede porque hacen falta muchos más; en Cuenca hay uno que está a media jornada. Esta situación consigue que entre los intérpretes se turnen entre provincias y vayan alternándose los territorios debido a que no tienen tiempo para cubrir a todas las personas sordas que les necesiten así como los actos que se celebran en la región a lo largo de la semana como programas de televisión en Castilla-La Mancha Media (CMM) o los mítines políticos que precisan de una traducción a la lengua de signos.

Mucho por desarrollar

Otro aspecto a mejorar son las carencias que hay en la educación como la falta de concienciación o las necesidades del alumnado sordo; eso no te lo dice ninguna ley asegura Virginia Hernández. Por un lado, la falta de entendimiento según la especialista; son personas que pertenecen a una comunidad minoritaria con una lengua propia que no se puede eliminar de la educación. Si un alumno usa la lengua de signos como lengua vehicular, no se puede vetar esa lengua. Además que cuando ellos aprenden castellano o inglés, trabajan en una segunda lengua o incluso, tercera. Por otro lado, las dificultades de aprendizaje que tiene una persona sorda no bilingüe, es decir, que estudia la lengua castellana al mismo nivel que la lengua de signos. Que se dé el mismo conocimiento en ambas insiste Virginia. No se promueve esa educación y al final los que intentan garantizar que esa educación sea bilingüe somos los intérpretes realizando un papel que no nos corresponde. Esta lengua se encuentra en déficit en cuanto al material impartido, el impulso del profesorado o la apuesta por el propio alumno sordo. La función del intérprete debería ser traducir una clase simplemente pero, debido a la falta de compromiso, además tienen que luchar por la igualdad en las clases. Un ejemplo de ello es el intérprete en la Eduación Infantil que no se reconoce según Virginia; conozco casos aislados donde sí se ha dado un intérprete en este nivel educativo, pero la norma es que no. Conozco una profesora que aprendió lengua de signos por un alumno sordo y para enseñar al resto de los niños. Eso no lo hacen todos los maestros y depende de su preocupación.

Cuando un alumno sordo llega a un colegio sin intérprete, el primer paso es solicitarlo por parte de la institución y de los padres; un periodo que puede durar unos meses donde el niño se dedicará a sentarse en la mesa y mirar al resto sin entender prácticamente nada. Los padres tienen que pelear y el equipo directivo tiene que estar muy involucrado; cuando un niño sordo entra en un aula es una guerra para que el profesor entienda que implica tener un alumno así y a una persona que traduzca afirma Virginia. La aceptación del centro es otra cuestión; el número de especialistas que entran a formar parte, las evaluaciones, las adaptaciones curriculares por parte de profesor  o la coordinación de horarios con el intérprete son, para muchos colegios, impedimentos para admitir a niños sordos. He estado sola durante seis años con dos niños, corriendo de una clase a otra. Mi horario era un tetrix de clase. Existen escuelas que cuentan con intérpretes de lengua de sordos; por esto los padres optan directamente por llevarlos a los centros que cuentan con ellos. No obstante, es un fastidio para muchos progenitores debido a que el centro escolar puede encontrarse en la otra punta de su domicilio.

En definitiva, la Lengua de Sordos se encuentra en desventaja con el resto de lenguas habladas y es por ello, que desde las instituciones deben de apostar por su desarrollo y no limitarse únicamente a firmar los derechos en un papel. Se necesitan hechos, empezando desde la educación (pilar base de todo ser humano) y comprensión, para no hacerles sentir desplazados.

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