Punta, tacón, tacón, tacón, punta. Para muchos esta combinación de palabras les resultará, cuanto menos, extraña. Solo aquellos que alguna vez hayan practicado el baile español o que estén familiarizados con esta modalidad sabrán realmente que esas palabras corresponden a un ejercicio de calentamiento previo al baile, y que son la base del taconeo flamenco.

En 2010 la UNESCO reconocía el flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El baile español es, por antonomasia, el más popular de los bailes de la Península Ibérica. Una modalidad que, no solo se aprende en este país, sino que cada día cuenta con más embajadores alrededor del globo. Los países asiáticos acogen de forma destacada este emblema de la cultura española. La afición en Japón es tan grande que existen más academias de flamenco allí que en toda España. Este arte tiene como cuna Andalucía, la región de España en la que el flamenco representa todo un sello de identidad.

El baile español no solamente engloba una manera de concebir el baile, la expresión artística y corporal, sino que cuenta con un elemento que lo caracteriza por encima de cualquier cosa: su música.

Alumna durante el calentamiento. Fuente: Cintia Álvarez
Alumna durante el calentamiento. Fuente: Cintia Álvarez
Yolanda tiene 23 años. Empezó a bailar en el colegio con 5, a los 14 pasó a formar parte del cuadro flamenco Amigos del Rocío, y a los 18 fue ella la que comenzó a impartir clases de baile español en un polideportivo de la ciudad.A día de hoy, alumnas del Colegio Público de Santa Teresa y mujeres del Centro Social del Pozo de las Nieves acuden, cada semana, a su cita con el baile. El pasado 6 de octubre Yolanda inauguraba las clases en el Centro Social. Un móvil, un altavoz amplificado, doce mujeres y un hombre eran suficientes para que Yolanda comenzara a transmitir los conocimientos que ha ido albergando durante toda una vida dedicada al baile. Catorce personas que dedicarán una hora y media semanal a sentir la esencia del sur de España.

Cuando se le pregunta por la respuesta de la gente, asegura que es buena, tanto la recibida el primer día en el Centro Social como en sus años de experiencia. Su satisfacción es proporcional a la de su alumnado.

Imagen del grupo al inicio de la clase. Fuente: Cintia Álvarez
Imagen del grupo al inicio de la clase. Fuente: Cintia Álvarez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el ambiente se palpaba el nerviosismo que genera lo nuevo, la expectación por un hobby o actividad a la que dedicarán su tiempo libre de ahora en adelante.
Antes de empezar a bailar, como en todo deporte, es esencial la realización de un buen calentamiento, con el fin de evitar posibles lesiones. En el baile español se calientan manos y pies, los principales elementos que trabajan en la ejecución.
Yolanda empezaba mostrándoles el calentamiento de las manos. Les enseña, con este gesto, el movimiento principal que acompaña a toda sevillana. Los pies, en un intento por ir interiorizando el ejercicio punta, tacón y ayudar así a la flexión y al aumento de la velocidad y el número de taconeos, son el paso previo a la inmersión en el mundo flamenco.

Ya en el calentamiento, la impaciencia y desesperación de algunos era notoria. “Es el primer día”, animaba Yolanda. La inquietud crecía por momentos y los asistentes esperaban el final del calentamiento para conocer qué vendría después. Destacaba en la sala la presencia de dos alumnas internacionales.

Tras el calentamiento, los alumnos aprendían el paso de sevillanas. Este paso es el más característico en el baile español, el que acompaña a las cuatro sevillanas. Los alumnos, en esta clase de iniciación, empiezan aprendiendo la primera de ellas. Que la pierna izquierda siempre es la que empieza este paso o que después de cada cruce siempre va un paso de sevillanas son algunas de las nociones básicas que los alumnos han de interiorizar desde el primer momento.

Aprenden de forma individual, pero a la hora de poner en práctica los pasos lo hacen con la pareja, para así ver el efecto que produce un cruce o la sensación de ver reflejados tus pasos en el compañero.

Dos alumnas realizan el cruce característico en toda sevillana. Fuente: Cintia Álvarez
Dos alumnas realizan el cruce característico en toda sevillana. Fuente: Cintia Álvarez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras repetir en varias ocasiones lo aprendido durante la primera sesión y escuchar los deberes de Yolanda para la próxima semana: repasar el calentamiento y los pasos en casa; una sonora ovación clausura la primera clase. Yolanda ve el baile más como un hobby que como un deporte. Aún así, reconoce que es una actividad en la que se ejercitan manos, pies, brazos… en definitiva, todo el cuerpo. “Es un estilo de vida”, contaba entusiasmada Yolanda.

Susana Fernández es una de las alumnas más jóvenes del Centro Social. Se introduce en el mundo del baile español a los 21 años. Es su ilusión desde hace mucho tiempo, pero diversas circunstancias le han impedido poder aprender hasta ahora. Susana cuenta que el baile es una manera diferente de invertir el tiempo lejos de la vida académica. Para ella es como una diversión y una manera de desestresarse.

La cuestión de si el baile español ha de ser considerado o no un deporte puede generar opiniones enfrentadas y debates de toda índole. No obstante, su reconocimiento a nivel internacional así como el imparable incremento del número de adeptos dejan constancia de que hay flamenco para rato. ¡Y que les quiten lo bailao!

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