Un matrimonio feliz, con dos niños, de ambos sexos y casa grande con jardín. Así se presenta en televisión, principalmente a través de anuncios, lo que se considera como una familia perfecta. Eso sí, para que todo sea redondo, es necesario un complemento vital que termine la ecuación: un perro, y esto último, al igual que el número de hijos y su género, también presenta especificaciones. Gustan los cachorros que se convertirán en perros de gran tamaño. Razas como el labrador, husky siberiano o el mítico pastor alemán se llevan el premio honorifico a perros predilectos.

Las mascotas se han vuelto un miembro más en cada familia, o al menos para la mayoría de las personas que han decido adoptar. Dicha acción, el hecho de acoger cualquier animal doméstico ha ido en aumento durante los primeros meses del confinamiento provocado por la pandemia del Covid-19. Según datos recogidos por la revista Clínica Veterinaria, diferentes ONG y organizaciones protectoras han notado un impulso aproximado del 50% en el número de adopciones, especialmente, de gatos y perros. Cabe recordar que en España se abandonan más de 138.000 mascotas anualmente, donde perros o gatos se posicionan con los porcentajes más altos sobre otros como puede ser roedores, serpientes e incluso peces.

¿Por qué puede pasar esto? El aumento de tiempo libre que ha proporcionado la estancia obligatoria en el domicilio ha sido el principal motivo para adentrarse en la aventura de agregar un nuevo integrante en el núcleo familiar. Esas horas del día que normalmente estarían ocupadas por el trabajo, estudio o rutina han variado hasta tal punto de convertirse en horas muertas. Esto ha llevado a que numerosas familias hayan decidido emplear ese tiempo en crear nuevos lazos afectivos con estos integrantes que plantean escenarios distintos pero acoplables a la rutina diaria. El único problema es que esta necesidad, en algunos casos, tan solo es momentánea, efímera. Una vez se acaba la ilusión, todos estos seres vuelven a la calle por medio de un abandono o, si tienen suerte, a las protectoras, asociaciones y demás instituciones dedicadas sin ánimo de lucro al cuidado de ellos.

Logo del Refugio Los Abuelos, Daimiel. Imagen cedida por la protectora.

Cristina Pascual, gerente de la Asociación La Voz Animal de Madrid, cuenta que: “Es cierto que ha habido un incremento tanto de peticiones como de adopciones en los meses previos al verano. Nosotros dimos por supuesto que una vez impusieran el confinamiento de marzo iba a ser muy difícil que la gente les diese oportunidad a estos adorables compañeros de vida. Pero ha sido todo lo contrario, es más, hubo perros que llevaban aquí más de un año que han encontrado un nuevo hogar”. También aclara que los datos solo fueron positivos en esos primeros meses, ya que una vez llegaron los meses estivales todo cambio hacia una tendencia negativa. Esto se debe tanto a la falta de tiempo, puesto que las personas fueron adaptándose a la nueva “normalidad” como a la disminución de renta debido a la crisis derivada por esta pandemia que solo en España se ha llevado la vida de más de un millón de personas.

La presidenta del Refugio Los Abuelos, Ana Ortega, relata uno de los episodios que han vivido que corrobora este cambio de dinámica: “Es cierto que en los primeros meses de pandemia no hacíamos muchas adopciones, tan solo a aquellas personas con las que ya teníamos contacto. Sin embargo, una vez pasa esa primera ola, si que hemos notado un repunte de abandono. Sin ir más lejos, una persona nos lanzó por encima de la valla una cachorrita con unos pocos meses”. Los datos suministrados por la Real Sociedad Canina de España no hacen otra cosa que certificar la situación: hay un 25% de abandono de animales domésticos respecto a otros años en las mismas fechas.  Este no es el único aspecto que ha variado en la labor de las protectoras a raíz de la situación actual.

«Sin ir más lejos, una persona nos lanzó por encima de la valla una cachorrita con unos pocos meses”

Todos los años, las asociaciones de animales se proponen dar salida a todas esas mascotas sin hogar en busca de un futuro más prometedor. Sin embargo, debido a la situación actual, esa meta se ha visto frenada. En primer lugar, porque la obligación de la distancia de seguridad, así como el uso de la mascarilla ha limitado el número de encuentros entre las protectoras y las familias interesadas. Lo que antes sería un proceso presencial donde podían conocer al animal y pasar un tiempo junto a él y sus cuidadores, ahora todo se ha inclinado hacia la tecnología. Ese contacto estrecho que se formaba en el cara a cara ha pasado a la frialdad de una pantalla de ordenador o móvil. Ese primer paseo, las primeras caricias y los primeros acercamientos han sido reemplazados por vídeos y fotos carentes de sentimiento. Cita previa, entrevistas online y archivos gráficos son todo lo que tienen para, por un lado, acertar con el perro para la familia adecuada y, por otro lado, que la familia se encariñe con algo que aun no ha visto personalmente. Lo que antes sería algo más natural y simple, ahora se ha convertido en un rompecabezas donde la confianza se vuelve un pilar indispensable para que se lleve acabo la adopción.

Ana Ortega relata que en la anterior normalidad era común que, si las personas interesadas vivían lejos, una persona de su organización se acercaba hasta esa casa para conocer a la familia, su hogar y, por ende, realizar una valoración más exacta de que tipo de animal necesitan para que así encajen de la mejor manera posible. Ahora dicho proceder no es viable, por lo que la calidad de las entrevistas y de los cuestionarios online son la única baza de la que disponen.

Hay un 25% de abandono de animales domésticos respecto a otros años en las mismas fechas.  Este no es el único aspecto que ha variado en la labor de las protectoras a raíz de la situación actual.

Y como no, la crisis financiera y laboral ha afectado, si ya de por sí lo sufren, a la viabilidad de este tipo de servicios. La forma principal de financiación de la gran parte de las protectoras se basa en el dinero que los voluntarios les dan, que normalmente suelen ser cantidades bajas. La otra fuente radica en los «padrinos». Al igual que sucede cuando adoptas a un niño, con los animales pasa lo mismo. A cambio de una donación que puede ser mensual, trimestral o anual pueden pasar tiempo con ese animal, así como recibir diferentes archivos gráficos. Sin embargo, estas dos fuentes también han caído en `picado´. Hay menos donativos y menos padrinos. Y si no hay dinero, resulta difícil mantener un gran volumen de animales.

Sasha, uno de los perros que han encontrado una segunda oportunidad

Quizás la solución resida en ayudas, subvenciones o campañas de publicidad por parte de las instituciones publicas para con estas protectoras que les aliviara tanto en el lado laboral como en el económico. El Refugio Los Abuelos sobreviven gracias a la ayuda ciudadana, aunque en estos últimos meses el porcentaje de padrinos ha disminuido de manera preocupante. La presidenta Ana Ortega cuenta que tan solo reciben una pequeña ayuda anual de 900 euros por parte del Ayuntamiento de Daimiel, en la provincia de Ciudad Real. Sin embargo, esa ayuda tiene un carácter simbólico ya que han llegado a pagar operaciones de animales con un valor superior a los 1.500 euros. A esto hay que sumarle la cancelación de las numerosas ferias de adopción, campañas presenciales de publicidad o las excursiones de colegios e institutos que visitaban estas asociaciones.

Dentro de todo este ambiente negativo, se puede rescatar una de las acciones que estaba llevando a cabo uno de los supermercados de la marca Día, en especial el que se encuentra en Daimiel. Gracias a un acuerdo con el Refugio Los Abuelos, cada cierto tiempo colocan unas cajas a la salida del local donde la gente, voluntariamente, deposita bolsas o cajas de pienso. Este acuerdo permite al refugio seguir obteniendo comida gratis para sus animales incluso bajo esta pandemia. En el pasado, esta campaña se hacía de forma presencial con miembros de la protectora, ahora el procedimiento consiste en dejar las cajas a la salida con su correspondiente tablón informativo, y días más tarde alguna persona de la organización lo recoge previa desinfección antes y después de llevar las cajas.

No es un trabajo fácil, tampoco es rentable económicamente. Lo que si queda claro es que, aunque les pongan piedras en el camino, avanzan a paso firme para conseguir su meta: que todos los animales disfruten de una segunda oportunidad.

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Enrique Guío

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